| Nació
en México, D.F., el 30 de enero de
1942. Ingresó en la Academia el 24
de mayo del 2001 como numerario; silla que
ocupa XXXIII (3º). |
Elías
Trabulse
Líneas de investigación
* Historia de la ciencia y la tecnología
en México, siglos XVI-XX
* Ciencia y metaciencia en la historia de México
Principales publicaciones o publicaciones más
recientes
*
Historia de la ciencia en México, 5 vols.,
México, Conacyt, Fondo de Cultura Económica,
1983-1989 (varias reimpresiones).
*
José María Velasco. Un paisaje de
la ciencia en México, México, Instituto
Mexiquense de Cultura, 1992.
*
Ciencia mexicana. Estudios Históricos,
México, Textos Dispersos Ediciones, 1993.
*
Los orígenes de la ciencia moderna en México,
México, Fondo de Cultura Económica,
1994.
*
Arte y ciencia en la historia de México,
México, Fomento Cultural Banamex, 1995.
*
Trabulse, Elías, codirector, History of
Humanity. From the Sixteenth to the Eighteenth
Century, París, London, UNESCO, Routledge,
1999.
*
"Estudio introductorio" en Rafael Montes
de Oca, Ensayo ornitológico sobre los trochilideos
ó colibríes de México, México,
Universidad Iberoamericana, 2002.
http://www.colmex.mx/centros/ceh/investigadores/trabulse.htm
La trayectoria intelectual y las aportaciones
de Elías Trabulse
La obra de Elías Trabulse destaca hoy como
una de las más señaladas en el panorama
de la historia de la ciencia, en general, y de
la historia de la ciencia iberoamericana, en particular.
Su aportación se caracteriza por un claro
talante interdisciplinario y por una decidida
voluntad de situar críticamente las aportaciones
de la ciencia mexicana en la ciencia internacional.
Las investigaciones de Elías Trabulse permiten
afirmar de forma clara el valor de una tradición
científica que forma parte de la historia
de la ciencia y del pensamiento occidental, pero
que ha sabido integrar de forma creativa aportaciones
de las época prehispánica, en un
diálogo que constituye todo un ejemplo
de integración y superación.
El itinerario personal y la propuesta metodológica
Elías Trabulse ingresó al terreno
del historiador luego de cursar estudios universitarios
de Química en la Universidad Nacional Autónoma
de México (Trabulse, 1965) y de una breve
experiencia y aplicaciones en ese campo en el
Instituto de Química de la misma universidad
(1965-1966). Hacia 1970 dirigió sus pasos
hacia El Colegio de México, donde realizó
estudios de doctorado en Historia. Su Tesis, publicada
en 1974, sintetiza su reflexión en torno
al oficio del historiador y, particularmente,
sobre la historia de la ciencia mexicana. Todo
eso en la fertilidad de esa institución
académica, fundada en 1940, con objetivos
de investigación y la formación
docente de alto nivel.
Cuando Trabulse se abrió camino en la historia
de la ciencia, en los años setenta, la
obra de Thomas S. Kuhn The Structure of Scientific
Revolutions (The University of Chicago Press,
1962) había influido notablemente en la
explicación del desarrollo de la ciencia,
por medio de los conceptos de revolución
científica y de paradigma. Con Kuhn se
dio una revolución en la manera de analizar
la transformación de los "elementos
conceptuales presentes en el lenguaje de la ciencia
y los mecanismos sociales que permiten esa ruptura".
La nueva visión de Kuhn apostaba por la
discontinuidad de la ciencia.
Al igual que Kuhn había migrado de la física
y química a la historia de la ciencia,
Trabulse siguió una ruta similar, seguramente,
tras la lectura del libro de Kuhn donde encontraba
una nueva formulación teórica extraordinariamente
atractiva del desarrollo científico. Bajo
los postulados de Kuhn, preparó su Tesis
de doctorado. En el siglo XVII, Trabulse había
detectado las "bases definitivas de la ciencia
moderna" europea y, en una "extrapolación
premeditada", su tesis presentaba el "paradigma
científico y el paradigma religioso"
europeo y la forma cómo el segundo se apoyaba
en el primero en esa centuria, entregando "los
postulados de una nueva religión [protestante]
con una visión más amplia del cosmos
que había quedado oculto en las tinieblas
del cristianismo medieval".
Con el azar a su favor, señalaba "el
hallazgo fortuito de una serie de documentos"
que le permitieron apreciar el "avance de
la Nueva España en materia científica
desde los primeros decenios del siglo XVII"
(Trabulse, 1974). Para él, al lado de las
"figuras consagradas" de la ciencia
mexicana [Alzate, por ejemplo], surgieron "otros
hombres de ciencia que en muchos casos aventajaban
a aquéllos", por ejemplo Kino, Sigüenza
o Diego Rodríguez. Ante ese panorama, se
decidió a dirigir su mirada en dos direcciones:
el ambiente científico del seiscientos,
tanto mexicano como europeo (Trabulse, 1974).
Su primera dedicación fue enfrentarse a
"los impresos (primordialmente matemáticos
y astronómicos), como a los manuscritos
científicos del siglo XVII". En tal
documentación, apreciaba sobre todo a "la
astronomía cometaria en relación
a cualquier otro tipo de estudios astronómicos",
por la combinación de una "visión
mítica del cosmos con la nueva visión
científica" de ese siglo. El estudio
quedaba perfilado en torno a los cometas y su
influencia en el mundo, como uno de los capítulos
de la historia de la ciencia moderna; en otras
palabras, "el tránsito de la astrología
judiciaria a la astronomía científica"
(Trabulse, 1974). Su estudio pasaba necesariamente
de la concepción medieval del cosmos a
otra visión mecanicista del universo, vigente
en el siglo XVII.
Unos años más tarde, debió
arrojar luz sobre lo que llamaba las "perspectivas"
de la historia de la ciencia y la tecnología
de México (Trabulse, 1982; Trabulse, 1984).
Aquella vez, señalaba la existencia de
"un conjunto de estudios bibliográficos
y biográficos", también de
diversos "estudios monográficos"
que en conjunto podían encauzar las investigaciones
históricas. Las "vías de acceso"
que Trabulse anotaba, fueron: 1) El estudio de
las interacciones entre las diversas ciencias
sobre todo en la época colonial, 2) El
análisis de las relaciones, primero, entre
la ciencia y la sociedad y, segundo, entre tecnología
y sociedad, 3) El estudio de las interacciones
entre ciencia, tecnología y economía
y 4) El estudio de las interacciones entre ciencias,
las técnicas y las humanidades.
Una tarea de tales dimensiones, en buena medida
desconocida, requería examinar las "fuentes
históricas" y Trabulse señalaba,
entre otras, la importancia de éstas: "los
textos científicos y técnicos mismos,
sean impresos o manuscritos; los documentos de
archivo, en particular los pertenecientes a los
ramos donde aparece este tipo de información;
la correspondencia particular de los científicos,
las crónicas históricas, las publicaciones
periódicas, los catálogos bibliográficos
y diversos tipos de manuales" (Trabulse,
1982; Trabulse, 1984).
Indicada la documentación, en seguida,
se adentró en la dificultad de la periodización
de la ciencia mexicana, "acotaciones artificiales"
basadas específicamente en "hechos
o sucesos de la ciencia o los derivados de paradigmas
científicos o de innovaciones técnicas".
Su propuesta para la división de la historia
mexicana, fue: 1521-1580: aclimatación
de la ciencia europea medieval y renacentista;
1580-1630: aparición de los primeros textos
de ciencias elaborados en México; 1630-1680:
cambio en los intereses científicos. 1680-1750;
lenta difusión de las teorías modernas;
1750-1810: aceptación paulatina de las
nuevas teorías taxonómicas y mecanicistas;
1810-1850: supervivencias ilustradas. 1850-1910:
impulso positivista. En esta propuesta, encontramos
a la geografía como una de las ciencia
a las que Trabulse sigue la pista de forma sistemática
y revelaba su permanencia o larga duración
en la historia mexicana (Trabulse, 1984).En este
conjunto de ingredientes (teoría, documentación
y periodización), añadió
el de las "comunidades científicas",
definidas por Kuhn como "pequeños
grupos que comparten uno o varios paradigmas científicos".
Aceptada la categoría, para el caso de
México, Trabulse precisaba que "en
su seno se gestaron los cambios de mentalidad
científica que dan la tónica de
cada etapa, por la aceptación o rechazo
de una o varias de las nuevas teorías,
o sea los nuevos paradigmas que aparecen en el
horizonte científico" (Trabulse, 1984).
Lo importante, para él, fue que "muchas
de ellas desempeñaron sus actividades no
sólo en la Ciudad de México, sino
también en diversas regiones del país,
abordando casi todas las ramas del saber científico.
La lista contaba a Puebla, Guanajuato, Querétaro,
Guadalajara, Morelia, Oaxaca, Mérida, entre
otros núcleos urbanos, todos con montos
demográficos importantes a lo largo del
periodo virreinal mexicano.
Uno de los aspectos más arduos del tema
es la detección precisa del "momento
en que un paradigma fue acogido por una de las
comunidades científicas mexicanas"
contando sólo con la guía de algunos
indicios. Con más frecuencia, señalaba
Trabulse, se podía encontrar "la asimilación
de las nuevas teorías y cómo éstas
fueron utilizadas o enriquecidas con aportes originales
desprendidos de la propia experiencia" (Trabulse,
1984). Los resultados demostraron la fertilidad
de los presupuestos teóricos y académicos.
Trabulse, hacia 1988, indicaba los cambios en
la indagación histórica:
Agraciadamente aires renovadores se han dejado
sentir en la investigación sobre la historia
de las ciencias desde hace algunos años
en que un sano historicismo puso en entredicho
algunas de las tesis históricas del positivismo
clásico. Este cuestionamiento ha abarcado
desde el método de establecer periodizaciones
hasta el interno de las obras. Asimismo ha sabido
evaluar tanto los factores internos como los externos
que propician el nacimiento, desarrollo expansión
y agotamiento de un modelo científico o,
de un paradigma (...).
Esta transformación en los estudios historiográficos
de la ciencia ha repercutido favorablemente en
las investigaciones en torno al desarrollo científico
de México, ya que ha puesto el acento en
conceptos, hipótesis y estructuras interpretativas
nunca antes estudiadas y, por otra parte, nos
ha enseñado que la historia de nuestra
ciencia forma parte de un todo, de una historia
más general y que nuestras deficiencias
o nuestros éxitos no son privativos de
México sino que los compartimos con otros
pueblos aún con los más avanzados.
Es estimulante ver cómo se abren los horizontes
historiográficos y somos invitados a aportar
nuestro grano de arena al desarrollo científico
universal. (Trabulse, 1989).
Con los postulados anteriores, Trabulse ha llevado
a cabo una obra escrita diversa y amplia en el
tiempo. Con aportaciones notables a la historia
de la ciencia del siglo XVII, como el estudio
dedicado a los manuscritos perdidos de Carlos
de Sigüenza y Góngora (Trabulse, 1988)
y, con más detalle, a la forma como este
sabio "se dedicó a establecer la cronología
precisa del México antiguo", suficientemente
clara como para "alinearse junto a la de
las culturas griega y romana". Esto lo consiguió
por el "estudio comparativo de los registros
de eclipses de Sol y Luna, así como de
cometas observados simultáneamente en el
Viejo y el Nuevo Mundo" (Trabulse, 1991a;
Trabulse, 1991b).
Su interés se extendió a la personalidad
de Juana Inés de la Cruz (Trabulse, 1979;
Trabulse, 1995) y de la Ilustración novohispana
del siglo XVIII, particularmente la figura de
Francisco Xavier Gamboa y la minería de
esa época (Trabulse, 1985). Del estudio
de la historia del siglo XIX, en concreto, descubre
en José María Velasco, no sólo
al maestro del dibujo, la pintura de paisaje y
la perspectiva, sino a un entusiasta hombre de
ciencia de la Sociedad Mexicana de Historia Natural
y autor de las ilustraciones científicas
de su órgano oficial La Naturaleza. En
sus páginas se recogen bellas láminas
botánicas o zoológicas que Velasco
elaboraba en color o blanco y negro. Trabulse
resalta la calidad y precisión de su obra
Flora del Valle de México, con 18 láminas
(1869) (Trabulse, 1989; Trabulse, 1992).
Otros estudios de Trabulse alcanzan el siglo XX
con la valoración de las reflexiones de
Alfonso Reyes sobre la historia de la ciencia
(Trabulse, 1993) o las de Juan Rulfo (a quien
conoció en 1970) sobre el valor de las
crónicas coloniales para conocer "la
vida, costumbres, mentalidad y hasta el modo de
hablar de los mexicanos del pasado" (Trabulse,
1991). Finalmente, como hemos indicado en la parte
de la periodización, ha dedicado atención
a algunos episodios interesantes de la evolución
de la geografía, con indicaciones que pueden
extenderse a Europa, que será motivo de
un examen con más detalle en las siguientes
secciones.
El lugar de América Latina en la historia
de la ciencia
La región geográfica latinoamericana
no podía faltar en la reflexión
histórica de Elías Trabulse. Tras
los primeros ensayos y ejercicios derivados de
su Tesis doctoral, se había percatado de
la omisión de los historiadores europeos
o estadounidenses que parecían "eludir
intencionalmente un tema que apenas, se profundiza
en él, resulta de una amplitud y riqueza
notables, con acervos bibliográficos considerables"
(Trabulse, 1985). E indicaba la visión
o la "concepción lineal, progresista
y triunfalista, del desarrollo de las ciencias
que tendía a descartar cualquier tipo de
conocimiento científico carente de una
serie de requerimientos: aquéllos propios
del empirismo y la cuantificación en su
más rígida acepción".
Esa situación se ha modificado sustancialmente
y "aquellas regiones cuya trayectoria científica
se consideraba poco digna de investigación
por ser pobre o definitivamente por inexistente"
han pasado ya a ser estudiadas con detenimiento.
Para Trabulse, resultaba imperativo "incluir
a la ciencia latinoamericana, desde los tiempos
prehispánicos hasta la actualidad, en las
síntesis historiográficas sobre
la ciencia universal, por dos razones: la primera
porque sea cual fuera su contenido, existe una
historia de la ciencia en Latinoamérica,
cuyas aportaciones son dignas de figurar en las
distintas etapas del pensamiento científico,
y la segunda, porque dicha pretensión está
avalada por un rico acervo documental y bibliográfico"
(Trabulse, 1985).
Mediante la comparación con otras regiones
del mundo, Trabulse dedicaba esfuerzo a afirmar
el "camino para incorporar el desarrollo
científico latinoamericano a la historia
universal" y, sobre todo, dejaba abierta
la pregunta sobre "cómo podrían
interpretarse las fuentes existentes para lograr
ese propósito". Uno de los ejemplos
revisados fue el llamado "milagro griego"
que, para él, no se explicaba fácilmente
si se excluían las corrientes culturales
que cruzaban el mundo mediterráneo desde
el Atlántico hasta los confines del Indo".
De forma particular, "la matemática
griega debe mucho a las ciencias de los números,
sus propiedades y aplicaciones, perfeccionadas
por las civilizaciones de Mesopotamia".
En la Europa del Renacimiento, Trabulse encuentra
otro ejemplo comparativo. Tras los descubrimientos
geográficos ultramarinos de los siglos
XV y XVI, en esa región se dio "la
rápida expansión de las ciencias,
la nueva concepción relativista y cambiante
del cosmos que puso en entredicho la ecumene medieval,
y una concepción distinta sobre la relaciones
políticas y económicas que afectaron
las vidas, las creencias y las costumbres de millones
de seres humanos". Y más adelante,
precisa el caso de América: "su aparición
transforma la idea de la naturaleza propia de
las cosmovisiones medievales, a la vez que, al
mostrar la superioridad del hombre moderno, sobre
sus modelos clásicos, sancionó la
creencia inmanente en la perfectibilidad de las
ciencias y de las artes" (Trabulse, 1985).
Otro aspecto de la investigación de Trabulse,
se concentró en el "efecto que tuvieron
los métodos modernos de experimentación
científica sobre la expansión de
las técnicas, entre 1750 y 1850".
En su estudio indicaba que desde "finales
del siglo XVIII, tanto en Latinoamérica
como en el resto del mundo, la diversificación
de las técnicas trae consigo una diversificación
de las ciencias". También señaló
el surgimiento de la especialización y,
sobe todo, de la ciencia como "un instrumento
de dominio". (Trabulse, 1985). En resumen,
Trabulse encuentra que en, los siglos XVI y XVII,
Europa pasó por varios cambios interconectados
entre sí, como resultado de su fuerza colonial
y comercial. Surgió una visión científica
eurocéntrica que prevaleció paulatinamente
hasta cambiar las ideas sobre la naturaleza de
las demás sociedades.
La geografía en un programa de historia
de la ciencia
La geografía ha sido una de las actividades
científicas a las que ha prestado especial
atención en sus estudios. Elías
Trabulse se ha concentrado en los mapas, como
principal fuente informativa del territorio mexicano
desde el siglo XVI, hasta los materiales del siglo
XIX. La perspectiva empleada, entre la cartografía
general y la particular, le ha permitido la revisión
de una amplia variedad de materiales del Archivo
General de la Nación, ordenados de acuerdo
con algunas actividades de la época, a
saber: la propiedad, uso y distribución
de la tierra; los caminos; los viajes de reconocimiento;
el desagüe del Valle de México; la
división eclesiástica; la minería
y las ciudades novohispanas. La elaboración
ha sido un proceso con dos vertientes simultáneas.
La visión de conjunto para todo el territorio
del Virreinato y también el enfoque particular,
a escalas más grandes, con las diferentes
divisiones territoriales y el trazo de caminos.
En la historia de la geografía de México,
ha identificado el lugar de los mapas como un
"proceso histórico de la Nueva España
visto a través de los ojos de sus exploradores,
científicos y artistas. En este sentido
la historia de la geografía en México
es la historia de cómo hemos los mexicanos
visto a nuestro país y cómo lo hemos
ido configurando ideal y plásticamente,
en nuestra mentes y en nuestros mapas" (Trabulse,
1983).
Además de la cartografía, Trabulse
ha realizado estudios sobre "los nuevos datos
geográficos" del siglo XVI, particularmente
de las Ordenanzas (1571) y las Relaciones Geográficas
(1577) que, indica, formaban los instrumentos
para "la gobernación y justicia"
de los dominios de la Corona (Trabulse, 1994).
De esa época, también ha examinado,
los tratados de Geografía que, en dicho
siglo, rompieron la "estructura de la ecumene
medieval". De esas obras, cita la de Juan
López de Velasco, la de Antonio Vázquez
de Espinosa y, de forma especial, la de Nicolás
de Cardona. En conjunto, esos autores y otros
más, entre 1574 y 1628, dedicaron numerosas
páginas al territorio de la Nueva España
con información "acerca de las riquezas
naturales del país" como la población,
los nombres de las ciudades con la posición
geográfica y los habitantes.
Respecto a los progresos de la náutica
española, Trabulse identificó de
forma precisa los adelantos náuticos y
de la astronomía de observación,
que proporcionaba los datos geográficos
para las cartas de navegación. Como parte
de esas tareas, también ha estudiado la
solución de la determinación de
la longitud geográfica, una necesidad para
la localización de las ciudades de la América
española, con más o menos precisión,
según el meridiano de origen. Al revisar
los valores numéricos procedentes del siglo
XVII, Trabulse admiró la exactitud lograda
en la posición de la Ciudad de México,
incluso superior a la aportada por Alejandro de
Humboldt en 1803 (Trabulse, 1984).
También ha estudiado los tratados de astronomía
y cosmografías europeos, en los cuales
Trabulse advirtió el desconocimiento que
se tenía de "los hombres de ciencia
americanos que vivieron en [el siglo XVIII] y
en los dos anteriores", así como de
sus trabajos, como el ya mencionado cálculo
de la posición geográfica de la
Ciudad de México (Trabulse, 1984 y 1994).
Por lo anterior, al examinar el conocimiento geográfico
en la historia mexicana, Trabulse combina una
serie de obras y autores, materiales y épocas
de una amplia variedad. Lo mismo de la cosmografía
o la náutica española del siglo
XVI, que los tratados de Nicolás de Cardona
de la primera mitad del siglo XVII. Pero también
ha examinado la obra dedicada a la Nueva España
por el sabio Alejandro de Humboldt (1803-1804)
o el ya mencionado José María Velasco
y su pintura de paisaje, como el Valle de México,
tal vez, la más admirada. El viaje intelectual
e histórico que Trabulse ha realizado se
concentra entre dos fronteras plenamente identificadas:
del binomio de la ciencia y la religión
del siglo XVII, hasta la ciencia y el arte del
siglo XIX.
La función docente de la obra publicada
por Elías Trabulse
Una obra de tal magnitud, documentación
y espléndidamente escrita, puede calificarse
de monumental y de particular interés para
llevar su contenido a los estudiantes mexicanos
e iberoamericanos en general, particularmente
de los medios universitarios, que muchas veces
carecieron de obras con interpretaciones sobre
la ciencia mexicana. Durante mucho tiempo, lo
más relevante y disponible fue el libro
de Eli de Gortari (1918-1991), La ciencia en la
historia de México (México: Fondo
de Cultura Económica, 1963). Esta obra,
examinaba el desenvolvimiento de los trabajos
científicos, "ligados inseparablemente
a todas las condiciones determinantes de la vida
económica, social, política y cultural"
de México. Gortari privilegiaba en su obra
a "las condiciones sociales" de las
investigaciones científicas, al igual "la
participación de la ciencia en la transformación
social de México". Tal perspectiva
se concentraba en las condiciones externas, un
enfoque propio de la filosofía marxista,
y menos en la naturaleza de la documentación
científica.
Unos años más tarde, Trabulse publicaba
la espléndida serie La historia de la ciencia
en México (Fondo de Cultura Económica,
México, 1983-1991), que cambiaba radicalmente
el panorama de la historia de la ciencia. La llamada
"Introducción" del volumen 1,
es un estudio serio que brindaba una nueva perspectiva
e interpretación sobre el pasado mexicano,
más en la línea trazada por los
conceptos de revolución y paradigma científicos
de Kuhn, al mismo tiempo que entregaba, a manera
de antología moderna, numerosos trabajos
científicos mexicanos. Una cuidadosa selección
de autores y obras que difícilmente se
podían consultar por su rareza y dispersión,
de los siglos XVI al XIX. Quedaba abierta la posibilidad
de la experiencia histórica y la formulación
de problemas científicos mexicanos con
una perspectiva temporal de larga duración.
La obra ha sido ampliamente utilizada en cursos
universitarios no sólo para historiadores,
sino también para los de ingenieros y otros
científicos que han encontrado una forma
novedosa y más amplia de conocer la complejidad
del pasado de cada especialidad. La obra ha pasado
las fronteras mexicanas y de forma resumida se
ha empleado en el servicio exterior mexicano (Trabulse,
1990). Esta obra de Trabulse, por otra parte,
fue acreedora al premio "Juan Pablos"
de la Cámara Nacional de la Industria Editorial
mexicana (1984), por su alta calidad de impresión
y la presentación de alrededor de 600 imágenes
científicas que otorgan una lectura "atractiva
y estimulante" al lector que puede leer y
revisar cada imagen de forma simultánea.
Una versión abreviada, en un solo volumen
con la Introducción, fue entregada por
el Fondo de Cultura Económica para facilitar
su consulta a los estudiantes (Trabulse, 1994).
Una obra de valor internacional
La obra de Elías Trabulse sobre la historia
de la ciencia no está alejada de los problemas
actuales del desarrollo científico y social
mexicano. Es, al contrario, un trabajo comprometido
en el desarrollo científico y tecnológico
del México actual y, por extensión,
de los países del mundo iberoamericano
o latinoamericano. Investigaciones como las que
él realiza, y las que efectúan los
historiadores de la ciencia de México y
de otros países, han permitido descubrir
una historia más rica y dinámica
de la que se explicaba hasta ahora, así
como la originalidad de una tradición científica
que, aunque remite al siglo XVI, ha estado plenamente
situada en la evolución de la ciencia occidental
y ha sido capaz también en muchos casos
de incorporar numerosos elementos de la tradición
prehispánica, como se ha visto en los mapas
o "pinturas" del siglo XVI.
La celebración en Ciudad de México
del XXI Congreso Internacional de Historia de
la Ciencia, en julio de 2001, ha sido un reconocimiento
internacional de la calidad de la investigación
que realizan los historiadores de la ciencia de
este país, entre ellos de forma destacada
Elías Trabulse. En esa ocasión,
la majestuosa sala de espectáculos del
Palacio de Bellas Artes fue el escenario para
la conferencia plenaria que dictó el profesor
Trabulse (9 de julio de 2001) sobre "Tradición
y ruptura en la ciencia mexicana". Esa vez,
indicaba que América no ha sido sólo
receptora o transformadora de la ciencia y tecnología
europeas, sino que tuvo un lugar de primer nivel
en la revolución científica europea
que, unos años más tarde, también
estuvo presente aquí.
En una apretada síntesis de sus propias
reflexiones históricas, Trabulse indicaba
el empleo de categorías teóricas,
como la de los paradigmas, para estudiar a la
ciencia mexicana con una amplia temporalidad,
al menos de los últimos cuatrocientos cincuenta
años, sin dejar de indicar el contexto
universal. Su crítica fue hacia la historiografía
tradicional, que calificaba de "pre-científico"
al pensamiento del México antiguo por su
parecido con el "mito", la "religión"
o la "superstición", cuando en
realidad forman conceptos esenciales sobre la
naturaleza, el espacio, el tiempo y la percepción
del mundo, radicalmente diferente a los conceptos
occidentales, tan habituados a la lógica
del razonamiento científico. Continuaba
con la periodización de la ciencia mexicana
y su énfasis en el examen atento del lenguaje
científico para detectar las creencias
científicas o bien la identificación
de ciertas comunidades científicas. En
resumen, Trabulse señalaba la riqueza y
originalidad del pensamiento científico,
con la combinación de tradiciones locales
y de otras procedentes de las teorías modernas
del pensamiento occidental que, en buena parte,
permanecen aún desconocidas.
Su concepción de la utilidad de la historia
de la ciencia es también interesante. Para
él,
la historia de la ciencia no pretende resolver
los problemas actuales de la investigación
científica, sino sólo señalar
que ella constituye una valiosa reserva de experiencia
que nos indica que la ciencia de hoy no es la
única que ha existido en nuestro país,
ni mucho menos la única posible (Trabulse,
1993).
Al mismo tiempo su aproximación ha ido
prestando atención crecientemente a las
ciencias y las técnicas de la organización
y el gobierno del territorio, desde las técnicas,
mapas y de la ingeniería, a las construcciones
ideológicas o intelectuales en general.Bibliografía
citada
TRABULSE, Elías. Cinética de oxidación
de olefinas esteroidales con ácido perbenzoico.
México: UNAM-Facultad de Química,
1965, 44 p. [Tesina de licenciatura en Química].
TRABULSE, Elías. Ciencia y religión
en el siglo XVII. México: El Colegio de
México, 1974. 286 p.
TRABULSE, Elías. Florilegio: poesía,
teatro y prosa de Juana Inés de la Cruz.
México: Promexa. 1979, 764 p.
TRABULSE, Elías. Para una historia de la
ciencia mexicana. Nexos, Vol. 5, núm. 49,
1982, p. 31-35.
TRABULSE, Elías. La cartografía
en la historia de la ciencia en México.
Cartografía mexicana. Tesoros de la Nación,
México: Archivo General de la Nación,
1983, p. 3-62.
TRABULSE, Elías. Historia de la Ciencia
en México. Estudios y Textos. México:
Fondo de Cultura Económica. 1983,
TRABULSE, Elías. El círculo roto.
México: Secretaría de Educación
Pública (Lecturas Mexicanas, 54), 1984,
247 p.
TRABULSE, Elías. Latinoamérica y
la ciencia; un problema de identidad. Quipu Revista
Latinoamericana de historia de las Ciencias y
la Tecnología, México, vol. 2, núm.
1, 1985, p. 443-451.
TRABULSE, Elías. La ciencia perdida. Fray
Diego Rodríguez, un sabio del siglo XVII.
México: Fondo de Cultura Económica.
1985, 87 p.
TRABULSE, Elías. Francisco Xavier Gamboa:
un político criollo en la Ilustración
mexicana. México: El Colegio de México
(Jornadas, 109), 1985.
TRABULSE, Elías. La ciencia en el siglo
XIX. México: Fondo de Cultura Económica/CREA,
1987. 235 p.
TRABULSE, Elías. El desarrollo científico
del México colonial (1521-1821). In LAFUENTE,
A. y SALDAÑA, J. J. (Coords.). Historia
de las Ciencias. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, 1987, p. 151-165.
TRABULSE, Elías. Tres momentos de la heterodoxia
científica en el México colonial.
Quipu. Revista Latinoamericana de historia de
las Ciencias y la Tecnología, México,
vol. 5, núm. 1, 1988, p. 7-17.
TRABULSE, Elías. Aspectos de la difusión
del materialismo científico de la Ilustración
francesa en México a principios del siglo
XIX. Quipu. Revista Latinoamericana de historia
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TRABULSE, Elías. Aspectos de la obra científica
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María Velasco. Homenaje. México:
UNAM-Instituto de Investigaciones Estéticas.
1989, p. 123-180.
TRABULSE, Elías. Aproximaciones historiográficas
a la ciencia mexicana. In. SALDAÑA, J.
J. (Ed.). Memorias del primer congreso mexicano
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