| Nació
en México, D.F., el 17 de abril de
1902; falleció en México, D.F.,
el 13 de mayo de 1974. Ingresó en la
Academia el 12 de junio de 1953 como numerario;
silla que ocupó: XXI (1º). |
Jaime
Torres Bodet nació en la ciudad de México,
el 17 de abril de 1902, y estudió en la
escuela primaria anexa a la Normal, en la Escuela
Nacional Preparatoria, en la Escuela de Leyes
y en la Facultad de Altos Estudios de la Universidad
Nacional. Antes de los veinte años enseñó
literatura en la Escuela Preparatoria y fue secretario
de la dirección de esa escuela, de donde
pasaría a ocupar la secretaría particular
de José Vasconcelos, rector de la Universidad
y luego Secretario de Educación Pública.
Como jefe del Departamento de Bibliotecas, en
1922, organizó la revista El Libro y el
Pueblo y varias bibliotecas populares.
Unido ya por entonces al grupo
de escritores de vanguardia, junto con Bernardo
Ortiz de Montellano dirigió la revista
literaria La Falange (1922-3) y, años más
tarde, fue codirector de Contemporáneos
(1928-1931), revista que daría nombre a
su grupo literario. La siguiente etapa de su vida,
a partir de 1929, estuvo dedicada a servicios
diplomáticos en Madrid, La Haya, París,
Buenos Aires y Bruselas, donde lo sorprende, en
1939, la segunda guerra. A su regreso en México,
de 1940 a 1943 es subsecretario de Relaciones
Exteriores.
De 1943 a 1946 fue secretario
de Educación Pública, puesto que
desempeñó con brillantez extraordinaria.
Reorganizó y dio nuevo impulso a la campaña
alfabetizadora, creó el Instituto de Capacitación
del Magisterio, organizó la Comisión
Revisora de Planes y Programas, inició
la Biblioteca Enciclopédica Popular, dirigió
el valioso compendio México y la cultura
(1946), construyó numerosas escuelas y,
señaladamente, la Escuela Normal para Maestros,
la Escuela Normal Superior y el Conservatorio
Nacional en la ciudad de México, y dio,
en fin, coherencia doctrinaria a la educación
mexicana. Al terminar su gestión educativa,
pasó a ocupar la Secretaría de Relaciones
y, en 1948, fue designado Director General de
la UNESCO, cargo que ocupó hasta 1952.
De 1955 a 1958 fue embajador
de México en París, y de 1958 a
1964 ocupó por segunda vez el cargo de
Secretario de Educación Pública,
periodo en que inició un Plan de Once Años
para resolver el problema de la educación
primaria en el país, fundó la Comisión
Nacional de Libros de Texto Gratuitos y promovió
la construcción del Museo Nacional de Antropología,
del Museo de Arte Moderno y la organización
y adaptación de los de Arte Virreinal y
de Pintura Colonial.
Torres Bodet ingresó
en la Academia Mexicana como miembro de Número
en 1952, fue miembro de El Colegio Nacional, recibió
el premio Nacional de Letras y muchos otros honores
de instituciones nacionales y extranjeras.
Dentro de la tradición
mexicana de sobriedad y trasparencia, Torres Bodet
tiene su propia voz en el coro de los poetas de
su tiempo. La renuncia a la embriaguez de los
sentidos y a los dones del mundo, la lealtad a
la emoción y la discreta melancolía,
persistentes desde sus primeros versos, se convierten
a partir de Sonetos (1949), en estoicismo moral,
aún estremecido por un temblor de lágrimas.
Este proceso de depuración interior culminará
en sus últimos libros: Fronteras (1954)
y Sin tregua (1957), en lo que la poesía
es expresión desnuda y patética
de las experiencias radicales del hombre, contempladas
desde la altura de un noble humanismo.
Las novelas y relatos de Torres
Bodet -siete volúmenes publicados entre
1927 y 1941- pertenecen a la época de interés
por las nuevas direcciones de la prosa narrativa
francesa y españolas. Desde la perspectiva
actual, son obras sobre todo representativas de
la búsqueda de una nueva sensibilidad y
un nuevo estilo novelesco que se realizaba por
aquellos años.
En sus ensayos y estudios de
crítica literaria -publicados inicialmente
en su mayoría en la revista Contemporáneos,
y reunidos luego algunos de ellos en un volumen
con el mismo nombre (1928)- unía Torres
Bodet un conocimiento pleno y siempre renovado
de letras antiguas y modernas a un espíritu
alerta y a un estilo dúctil y de transparente
riqueza. Su crítica rectificó, en
su tiempo, el valor de algunos falsos brillos
y contribuyó singularmente a la formación
literaria de las nuevas generaciones.
Sus escritos relacionados con
sus cargos públicos: discursos y mensajes
entre los que se encuentran páginas admirables
-como la oración a la madre, el discurso
académico sobre la responsabilidad del
escritor y el pronunciado en la inauguración
del nuevo Museo Nacional de Antropología-,
están dedicados a elucidar los problemas
de la cultura, la educación y la concordia
internacional de México y el mundo.
Torres Bodet volvió al
ejercicio literario con dos excelentes libros.
Tiempo de arena (1955), primera parte de sus memorias,
más que una autobiografía vital,
es sobre todo una biografía intelectual,
una historia de su formación espiritual.
Acaso por ello las mejores páginas son
las que narran las revelaciones de figuras literarias
o artísticas. Tres inventores de realidad
(1955), o sean Stendhal, Dostoievski y Pérez
Galdós, es obra de madurez intelectual.
Sus análisis de los problemas de la creación
literaria y de los dilemas esenciales que la vida
y el arte propusieron a estos grandes novelistas,
son paradigma de la crítica literaria.
Posteriormente, Torres Bodet escribió nuevas
obras sobre personalidades literarias: Balzac
(1959), Tolstoi (1965), Darío (1966) y
Proust (1967); un ensayo sobre los maestros venecianos
(1961) y, en sus últimos años, dio
cima a sus memorias con cinco volúmenes
que continúan al inicial Tiempo de arena.
Murió en la ciudad de México el
13 de mayo de 1974.
José Luis Martínez
Semblanzas de Académicos. Ediciones del
Centenario de la Academia Mexicana. México,
1975, 313 pp.
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