| Nació
en Yucatán, hoy Campeche, Camp., el
26 de enero de 1848; falleció en Madrid,
España, el 13 de septiembre de 1912.
Ingresó en la Academia en 1887 como
numerario; silla que ocupó: VIII (3º).
Cargo: Director (6º): 1910-1912. |
Justo
Sierra nació en la ciudad de Campeche el
26 de enero de 1848. Hijo de Justo Sierra O'Reilly
y doña Concepción Méndez.
Del padre le vino el amor a la letra y al espíritu
de la letra. Niño aún, pasó
a Mérida a continuar sus estudios primarios.
En 1861 viene a la ciudad de México. De
Mérida trajo entre sus ropas y papeles,
pequeños poemas que más adelante
iba a incorporar en sus cuentos. Uno de esos pequeños
poemas era "La playera", con el que
se presentó en una de las Veladas Literarias
de Ignacio Manuel Altamirano. Su niñez
y adolescencia coincidieron con el compás
más agitado, más febril y peligroso
de las luchas políticas de México.
Cuenta él mismo que todavía no cumplidos
los catorce años oyó en la Cámara
de Diputados un discurso de Altamirano, aquél
que pronunció contra la amnistía.
Otro día, en plenas aulas de San Ildefonso
gritó mueras al Papa. Cuando llegan a la
capital Carlota y Maximiliano, en el año
de 64, acompañado de un centenar de sus
compañeros, se echa a la calle a gritar
vivas a la patria y mueras a los que habían
hecho posible aquel acontecimiento. Se recibe
de abogado en 1871. Poeta, escritor y periodista
militante, su fama trasciende los meros círculos
intelectuales y lo acerca a las actividades políticas,
a los grandes cargos administrativos. Su provincia
lo elige diputado y pasa por la Cámara
fugazmente para desempeñar después
otros quehaceres dentro de la judicatura y de
la enseñanza. A la cabeza del periódico
La Libertad atizó la lumbre de la causa
liberal, único ideal político que
siguió hasta su muerte. La muerte de Santiago
Sierra, "mi pobre hermano que se llevó
a la tumba lo mejor de mí", hace que
Sierra abandone la vida agitada y busque la soledad
y la sombra. Pasan los años y reaparece
transformado, engrandecido, sabio. Entonces se
dedica a cumplir una obra, notabilísima,
de historiador, sociólogo y maestro. Los
capítulos suyos contenidos en al obra México.
Su evolución social y en las partes que
le corresponden del libro Juárez, su obra
y su tiempo, representan, al decir de don Antonio
Caso, "la síntesis más clara
y cabal que poseemos, hasta ahora, de la época
reformista y de restauración de la República;
el enunciado más real y definitivo de aquel
momento dramático, que inició en
nuestro suelo la conquista decisiva de la libertad;
es decir el pleno afianzamiento de la patria;
lo cual constituye uno de los episodios esenciales
de la historia constitucional de América".
Como poeta su legado es muy breve: unos cuantos
poemas originales y la traducción de algunos
de los sonetos de Trofeos de José María
Heredia. Como crítico literario su legado
es más breve aún: sólo algunos
prólogos, uno de ellos de verdad perdurable:
el que escribió para las Poesías
de Manuel Gutiérrez Nájera. Allí
están la explicación del afrancesamiento
en la lírica mexicana, la defensa del Modernismo,
todo lo cual queda tratado al margen de las escuelas
y por encima de las capillas. Combatiente por
el advenimiento de una literatura nacional, le
sale al paso Marcelino Menéndez y Pelayo
que aseguró que nuestra literatura patria
aún no aparecía, lo que para el
maestro mexicano no era de buenos parientes ni
de buenos críticos. Reconocía que
ningún pueblo, engendrado por otro en la
plenitud de su cultura, y a quien se haya transmitido
la herencia forzosa de la lengua, las costumbres
y la religión, ha podido crearse a la par
de su personalidad política una personalidad
intelectual o literaria. Esto ha sido, cuando
ha sido, obra lenta del tiempo y de las circunstancias.
No quería una literatura mexicana a todo
trance, a como diera lugar, paralela a la constitución
y a la independencia política, sino a su
tiempo, fatalmente. La literatura era el medio
en que la conciencia de un pueblo toma plena posesión
de sí misma. Proclama la lengua española
como el vaso único en que debíamos
beber el vino nuevo. Pensamientos franceses en
versos españoles, mientras llega el tiempo
de poner en ellos pensamientos mexicanos -decía-
¿Opina el ilustre académico, que
la historia de nuestra literatura no revela la
evolución hacia cierta forma característica
y que marque distintamente al grupo mexicano entre
los demás de habla española? En
el prólogo a Peregrinaciones aconseja a
Rubén Darío que vuelva a la humanidad,
a su padre el pueblo. "Los poetas -le dice-
deben servirse de su lira para civilizar, para
dominar monstruos, para llevarlos en pos suya
hasta la cima de la montaña santa en que
se adora el Ideal." De 1905 a 1911 desempeña
la cartera de Instrucción Pública
en el gabinete del general Díaz, a quien
sirve sin contradecir su estirpe ideológica
seguro de sus metas, sacrificando lo pasajero
a lo permanente. Inaugura la Universidad Nacional
en 1910. El discurso que en esa ocasión
pronuncia es el más perfecto de sus discursos,
no sólo por el contenido y por la forma,
sino por la emoción humana y patriótica
que lo ilumina. La Universidad ha de investigar,
pero no a espaldas del pueblo, ha de crear profesionistas,
pero con sentido humano y con responsabilidad
colectiva. Crear el espíritu de sacrificio
en favor de los intereses de la vida social, no
sólo producir ciencia, tal es la función
de la Universidad, dijo. “No se concibe
en los tiempos nuestros -agregó- que un
organismo creado por una sociedad que aspira a
tomar parte cada vez más activa en el concierto
humano, se sienta desprendido del vínculo
que lo uniera a las entrañas maternas para
formar parte de una patria ideal de almas sin
patria; no será la Universidad una persona
destinada a no separar los ojos del telescopio
o del microscopio, aunque en torno de ella una
nación se desorganice.” Triunfante
la Revolución, Madero lo nombra ministro
de México en España. Murió
en Madrid, el 13 de septiembre de 1912. Sus restos
fueron traídos a México y se le
tributaron los honores correspondientes a su rango.
Madero y Pino Suárez presidieron sus funerales,
rubricando de ese modo el esfuerzo del patriota
que persistió en su tarea, no obstante
el medio en que hubo de cumplirla. Obras: Compendio
de historia general, México, 1878; Compendio
de la historia de la antigüedad, México,
1880; Confesiones de un pianista, México,
1882; Historia general, México, 1891; Cuentos
románticos, México, 1896, 1934,
1946; Juárez. Su obra y tiempo, México,
1905-1906; Historia de México. La Conquista.
La Nueva España, Madrid, 1917; Prosas,
México, 1917; Poemas, México, 1917;
Discursos, México, 1919; Poesías,
1842-1912, México, 1937; Evolución
política del pueblo mexicano, México,
1940; Justo Sierra. Prosas, México, 1939;
Obras completas, XV vols., México, 1948-1949.
Andrés Henestrosa
Semblanzas de Académicos. Ediciones del
Centenario de la Academia Mexicana. México,
1975, 313 pp.
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Justo Sierra Méndez
(México, 1848-1912)
El nombre del maestro Justo Sierra destaca, a
través de la historia, en círculos
intelectuales, universitarios, periodísticos.
Abogado, hijo del también abogado Justo
Sierra O’Reilly y padre de aquel gran caballero
que fue don Manuel J. Sierra, quien casó
con la escritora Margarita Casasús, descendiente
de Ignacio Manuel Altamirano. Tuvo el maestro
Justo Sierra un hermano, Santiago, que fue encargado
de negocios en la embajada de México en
Chile y periodista que en las páginas de
La Libertad inició una polémica
con el director del periódico La Patria,
Ireneo Paz, padre de Octavio, lo que derivó
en un duelo en el que Ireneo mató a Santiago
Sierra.
Este álbum de familia nos lleva por los
estados de Campeche, donde nació el maestro;
Mérida, donde murió Sierra O’Reilly,
y la ciudad de México donde Sierra Méndez
fue secretario de Instrucción Pública
de 1905 a 1911 y uno de los fundadores, en 1910,
de la Universidad Nacional Autónoma de
México. Actualmente la estatua del maestro
Justo Sierra está en el edificio de la
Secretaría de Educación Pública
y en la UNAM hay un retrato al óleo realizado
por Leandro Izaguirre.
Después de haber formado parte del gabinete
de Porfirio Díaz, Justo Sierra es llamado
por Madero a colaborar con su gobierno y enviado
a Madrid en 1912, como ministro plenipotenciario
de México en España. Muere en Madrid,
en ese mismo año; sus restos son traídos
a México y presiden su funeral el Presidente
Madero y el vicepresidente Pino Suárez.
Escribe Andrés Henestrosa que las palabras
de Justo Sierra cuando la inauguración
de la Universidad son “el más perfecto
de sus discursos.” Y añade: “No
sólo por el contenido y por la forma sino
por la emoción patriótica que lo
ilumina. El credo de Gómez Farías,
de Ocampo, de Mora, de Barreda, alcanzan aquí
su cabal coronamiento. La universidad ha de investigar,
pero no a espaldas del pueblo; ha de crear profesionistas,
pero con sentido humano y con responsabilidad
colectiva”.
Las obras completas del maestro Justo Sierra fueron
reunidas a partir de 1948 por la Universidad Nacional
Autónoma de México, en ediciones
establecidas principalmente por Agustín
Yáñez. Destacan Evolución
política del pueblo mexicano, conocida
primero como México, su evolución
social (1900-1902), y Juárez, su obra y
su tiempo, uno de los libros de Justo Sierra más
leídos.
Juarista empedernido, don Justo. La evolución
política del pueblo mexicano comprende
lo ensayos titulados Las civilizaciones aborígenes
y la conquista, El periodo colonial y la Independencia,
La República, La Reforma, La intervención
(1861-1867) y La era actual. Son además
de interés vigente, como si hoy y no hace
algo más de ciento cincuenta años
hubieran sido escritos, sus artículos de
periodismo político, recopilados en gran
parte por Leopoldo Zea.
Forman también parte de la obra de Justo
Sierra sus poemas, crónicas de viaje, una
pieza de teatro titulada Piedad, y la novela El
ángel del porvenir, inicialmente publicada
por entregas en El renacimiento (1869) y después
en forma de libro, en 1873. Entre las obras completas
tienen especial interés los artículos,
discursos, apuntes, ensayos, reunidos sobre el
tema La educación nacional.
Polígrafo y hombre de bien, a quien admiró
José Vasconcelos, y que muchos logros obtuvo
en favor de la educación pública,
al final de Evolución política del
pueblo mexicano escribió: “Educar
quiere decir fortificar; la libertad, médula
de leones, sólo ha sido, individual y colectivamente,
el patrimonio de los fuertes: los débiles
jamás han sido libres. Toda la evolución
social mexicana habrá sido abortiva y frustránea
si no llega a ese final total: la libertad”.
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Evolución
política del pueblo mexicano
(Fragmento)
. . . Nuestra personalidad nacional, al ponerse
en relación directa con el mundo, se ha
fortificado, ha crecido. Esa evolución
es incipiente sin duda: en comparación
de nuestro estado anterior al último tercio
del pasado siglo, el camino recorrido es inmenso;
y aun en comparación del camino recorrido
en el mimo lapso por nuestros vecinos, y que debe
ser virilmente nuestro punto de mira y referencia
perpetua, sin ilusiones, que serían mortales,
pero sin desalientos, que serían cobardes,
nuestro progreso ha dejado de ser insignificante.
Nos falta devolver la vida a la tierra, la madre
de las razas fuertes que han sabido fecundarla,
por medio de la irrigación; nos falta,
por este medio con más seguridad que por
otro alguno, atraer al inmigrante de sangre europea,
que es el único con quien debemos procurar
el cruzamiento de nuestros grupos indígenas,
si no queremos pasar del medio de civilización,
en que nuestra nacionalidad ha crecido, a otro
medio inferior, lo que no sería una evolución,
sino una regresión. Nos falta producir
un cambio completo en la mentalidad del indígena
por medio de la escuela educativa. Esta, desde
el punto de vista mexicano, es la obra suprema
que se presenta a un tiempo con carácter
de urgente e ingente. Obra magna y rápida,
porque o ella, o la muerte.
Convertir al terrígena en un valor social
(y sólo por nuestra apatía no lo
es), convertirlo en el principal colono de una
tierra intensivamente cultivada; identificar su
espíritu y el nuestro por medio de la unidad
del idioma, de aspiraciones, de amores y de odios,
de criterio moral; encender ante él el
ideal divino de una patria para todos, de una
patria grande y feliz; crear, en suma, el alma
nacional, esta es la meta asignada al esfuerzo
del porvenir, ese es el programa de la educación
nacional. Todo cuanto conspire a realizarlo, y
sólo eso, es lo patriótico; todo
obstáculo que tienda a retardarlo o desvirtuarlo
es casi una infidencia, es una obra mala, es el
enemigo.
El enemigo es íntimo; es la probabilidad
de pasar del idioma indígena al idioma
extranjero en nuestras fronteras, obstruyendo
el paso a la lengua nacional; es la superstición
que sólo la escuela laica, con su espíritu
humano y científico, pude combatir con
éxito; es la irreligiosidad cívica
de los impíos que, abusando del sentimiento
religioso inextirpable de los mexicanos, persisten
en oponer a los principios, que son la base de
nuestra vida moderna, los que han sido la base
religiosa de nuestro ser moral; es el escepticismo
de los que, al dudar de que lleguemos a ser aptos
para la libertad, nos condenan a muerte.
http://www.conevyt.org.mx/cursos/enciclope/justo_sierra.html
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GOBIERNO
DEL ESTADO LIBRE Y SOBERANO DE MORELOS
UNIVERSIDAD
VIRTUAL ALFONSINA
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