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Humanista mexicano
   
 
HUMANISTAS MEXICANOS

 

Nació en Atenas, Grecia el 14 de octubre de 1828.



Plotino Rhodakanaty
Obras, prólogo y notas de Carlos Illades, recopilación María Esther Reyes Duarte, UNAM, 1998
Ricardo Pérez Montfort
CIESAS
Revista de la Universidad (junio 1999), 205-211. Signos Históricos.

Aún conscientes del gran desconocimiento que se tiene de tanto sus primeros treinta años como de sus últimos en Europa, no resulta difícil concluir que el pensador revolucionario de origen griego Plotino C. Rhodakanaty dedicó sus mejores años, y quizás hasta sus mayores esfuerzos, a México. Dicha conclusión podría lograrse tan sólo tomando en cuenta que dicho personaje vivió desde sus 33 hasta sus 58 años en este país. Años en que, al parecer, se abarcan —aún hasta la fecha— los de mayores índices de productividad intelectual y física de los seres humanos comunes y corrientes.
Sin embargo, independientemente de la cantidad de sus trabajos, que no fueron pocos por cierto, tal como se demuestra en esta recopilación de Carlos Illades, al acercarnos de manera un tanto más minuciosa a la obra de Rhodakanaty nos encontramos con uno de los pensadores más lúcidos y sugerentes de esta segunda mitad del siglo XIX mexicano. La competencia no era fácil, sobre todo si pensamos que se trató de una época en la que como en ninguna otra —diría Daniel Cosío Villegas— convivieron escritores de la mayor alcurnia intelectual y autoridad moral, capaces de discutir y comprometerse con los proyectos de construcción de una nación que parecía sentirse joven y optimista. Escritores de la talla de Francisco Zarco, Ignacio Ramírez, Manuel Payno, Vicente Riva Palacio, Manuel María de Zamacona, Ignacio Altamirano, José María Vigil, Justo Sierra y tantos más, trataron de impulsar una corriente constructiva, que en el futuro los consagraría como figuras tutelares, no sólo de las letras sino de la misma nación mexicana. Como es archisabido, muchos de ellos, si no es que la mayoría, se ligaron al positivismo, mismo que sería piedra de toque del pensamiento mexicano de esa segunda mitad del siglo XIX.
Por su originalidad, pero también por su condición de ir a contracorriente, resulta extraordinaria la figura y el pensamiento de Plotino C. Rhodakanaty, quien al decir de Carlos Illades, fue “...el pensador socialista más importante del México decimonónico, además de difusor de la filosofía racionalista y de la sociología y psicología modernas...” (p.7) Como severo crítico del positivismo, pero además como pensador propositivo, Rhodakanaty apareció en sus escritos como un heterodoxo que planteaba la posibilidad de repensar la historia intelectual del siglo XIX mexicano de una forma un tanto más compleja y, por lo tanto, más completa. “La elasticidad de su pensamiento, dada por su capacidad de sumar, mezclar y sintetizar ideas de diferente signo...” además de ser una de sus “principales virtudes intelectuales” (p.18) —diría nuevamente Carlos Illades— le dio un arma que, aunque finalmente no fue la triunfante en el debate intelectual del país, le permitiría mostrar a generaciones futuras los horizontes de procesos asimétricos que suelen darse en el desarrollo histórico de las ideas, y que desafortunadamente en la historiografía mexicana han sido poco explorados hasta la fecha.
Siguiendo la propuesta de análisis de Sergio González Ramírez esta asimetría no sólo podría encontrarse al abordar las variadas temáticas que se discuten en los distintos momentos, sino en los espacios mismos en donde se publicaron y debatieron particularmente. En este sentido resulta interesante reconocer lo diferentes que fueron los ambientes en los que aparecieron los textos de los intelectuales antes mencionados y las áreas en las cuales se difundieron las obras de Rhodakanaty. Los primeros escribieron en El Renacimiento, El Boletín Republicano, El Correo de México, El Combate, La Democracia, El Federalista, La Reconstrucción, El Monitor Republicano o El Siglo XIX, periódicos o revistas, cuyo peso se ha resaltado bastante en el balance histórico nacional y que no resultan del todo ajenos a la justificación y sustento ideológico de la construcción del
estado liberal decimonónico. Mientras que Rhodakanaty y algunos de sus seguidores más importantes publicaron sobre todo en El Socialista, La Internacional, El Hijo del Trabajo, La Comuna Internacional, espacios que se antojan de consumo un tanto más reducido y claramente ceñidos y dedicados a la llamada República del Trabajo. Aunque de pronto sus textos también entraron en los espacios históricamente consagrados, lo relevante en este caso resulta reconocer las dimensiones y las condiciones sociales en las que lograron impactar las obras del griego. Afortunadamente el mismo Carlos Illades ya se ha abocado al estudio de ello. En un ensayo previo a la publicación de estas Obras de Rhodakanaty, Carlos Illades explicaba que “...Dentro de la población pobre de las ciudades, los artesanos destacaban por su nivel de alfabetización, situación que los aproximaba con mayor facilidad a la palabra escrita.
El artesanado urbano fue el destinatario principal de la prensa obrera y receptor de sus mensajes. Ésta a su vez funcionó como laboratorio en el que se construyó su representación de la vida social, y donde se decantaron sus proyectos de modificación y formación de nuevas instituciones laborales. Si la ley atomizó a los trabajadores al individualizarlos, la prensa obrera ayudó a conformar su identidad y a reconstituirlos como colectividad...”1 De ser cierta esta afirmación resultan verdaderamente extraordinarias las aportaciones de Rhodakanaty, tanto a la prensa obrera de su momento como a la identificación de los antes citados horizontes asimétricos que enriquecerían las nociones históricas del siglo XIX mexicano.
El dedicar sus trabajos a temáticas tan variadas como la reivindicación del amor libre y el divorcio hasta la defensa de la psicología, pasando por revisiones del pensamiento de Baruch Spinoza, la crítica al protestantismo y al catolicismo romano o el apoyo a la independencia y libertad del municipio, no puede uno más que sorprenderse de la cantidad, pero sobre todo de la calidad de recursos con los que la prensa mexicana contó durante aquello tiempos, y con los que debió alimentar las identidades obreras y la justificación de sus colectividades. Tan sólo una revisión superficial de las temáticas antes citadas en esta colección de Obras de Rhodakanaty podría ser muestra de la complejidad de esa “...tensión entre conceptos viejos y los lenguajes liberal y socialista...” que con “...la intención de modificar las instituciones sociales de acuerdo con principios asociativos,...” se pretendió dar vida a esa república democrática del trabajo que debía ser la Gran
Confederación de Asociaciones de Trabajadores de los Estados Unidos Mexicanos propuesta por el Congreso Obrero de 1876.2 No en vano Rhodakanaty representó a la organización “La Social” en dicho Congreso y, tal como dice Carlos Illades “...tuvo una significativa intervención en los debates... (p.13) Aún cuando el estilo de Rhodakanaty podría identificarse con una clara línea decimonónica que constantemente apelaba a ejemplos clásicos (griegos o romanos) y un tanto enciclopedistas, no cabe duda que su argumentación se acercó mucho más a una concepción moderna, cosmopolita, y en cierto sentido radical, que en un principio parecía tirar a matar los dogmas y rigideces intelectuales tan características del pensamiento mexicano de aquella época.
“Estamos ya en el siglo XIX... —diría en su discurso cívico del 5 de mayo de 1874— ...y el espíritu cosmopolita funde en el crisol de la alta filosofía todas las ideas, derrumbando a la vez al soplo de su divino genio las murallas y la barrera cuyo contenido forman lo que hoy se llama patria; es decir, en grosero y limitado pedazo de tierra en que el hombre ubica las más caras afecciones de su ser. No, la humanidad no tiene más patria que toda la tierra, fecundada por el alma del sol...” (p.27)
Por otra parte, Rhodakanaty no pretendía ser ajeno a los clásicos métodos pedagógicos de pregunta y respuesta que más se antojarían semejantes a las definiciones positivistoides o de orden catequístico. Tal es el caso de la Cartilla Socialista, (p. 75 a 93) publicada íntegra en esta colección y que se reconoce como un “catecismo elemental de la escuela socialista de Carlos Fourier” pero que como documento resulta a cual más valioso y sugerente, a la hora de revisar la “traducción” del pensamiento fourerista a la situación mexicana.
La visión antipositivista de Rohodakanaty, por un lado, y su severa crítica al catolicismo romano claramente afincado en México, por el otro, mostrarían que la cercanía con dicho métodos rígidos era bastante poco probable. Para Rhodakanaty “...el positivismo, sensualista en ideología, ateo en religión, y absolutista en política, no es otra cosa en sustancia sino el materialismo puro, pero disfrazado y revestido con el augusto ropaje de la ciencia...” (p.163) Y el cristianismo puro no sólo era un elemento definitorio de la religiosidad como condición humana central, sino que en el caso de México, éste haría las veces de redentor una vez asumido por los mexicanos. “Entonces —diría— veréis salir a la virgen de Anáhuac de ese letargo en que se yace abatida por el materialismo grosero del siglo, y elevándose con dignidad, marchar orgullosa e indómita por el sendero de la civilización y del progreso. Veréis cómo se agita con una nueva vida, cómo se engrandece...” (p.237)
Muy al estilo decimonónico Rhodakanaty remataba con una frase sintética que hoy se nos antoja un tanto exagerada pero que bien ejemplifica otra de las ramas de la argumentación cultural que deben explorarse si es que se toman en cuenta las asimetrías antes citadas: “Ya comienza el mundo a anteponer la idea de humanidad a la idea de patria, dice un célebre escritor, y por tanto, tú México querido, tierra feliz de los aztecas, paraíso de Cuauhtémoc, virgen Malinche, se tú la primera en engalanarte con los atavíos y ricos ornamentos que te brinda tu hermana Grecia, para realizar los destinos del mundo...” (p. 238)

II
Sin más afán que el de atraer al lector, permítaseme brevemente comentar tres momentos de estas Obras de Rhodakanaty que a lo largo de su revisión general llamaron poderosamente mi atención. La primera fue la sección IV que bajo el rubro de ‘Poemas’ reúne lamentablemente tan sólo un texto publicado en 1877. De un romanticismo apabullante estos párrafos dedicados a los ojos y a la mirada de una tal Ida, concluyen con unos versos dignos de reproducirse aquí con el fin de mostrar uno de los múltiples talentos de este sorprendente griego:
“Mírame más encantadora Ida
Mira el fuego en la luz de tu mirar;
Mírame aún, que mi alma adormecida
se siente ya de dicha palpitar.
En tu mirada angélica que brilla,
tienes tú la infinita claridad;
en tu pupila azul... cuando me mira,
veo la felicidad...” (p.74)
No tan romántica, pero sí muy documentada y divertida es la sección dedicada al libertinaje, la lubriscidad o la lascivia que tanto en animales como en seres humanos le permite a Rhodakanaty dar un tratamiento muy particular a sus “Estudios trascendentales de filosofía natural aplicada a la sociología”. En esta serie de textos aparecidos en el periodico El Socialista el autor, con innumerables ejemplos —tanto de las mitologías griegas y romanas como de ciertos conocimientos biológicos— hace una serie de reflexiones que hoy resultan a cual más sugerentes, por no decir raras, si se toman en cuenta nuevamente el medio y la época en que fueron publicados.
Describiendo las prácticas sexuales de insectos, aves, reptiles, etc. y narrando cómo fueron algunas celebraciones de corte erótico entre los clásicos de Medio Oriente, el autor llega a conclusiones como la siguiente:
“Parece, pues, que la naturaleza le ha dado al macho una voluptuosidad más atrevida e impetuosa que al otro sexo, el cual, en todas las clases de animales, con muy pocas excepciones, se hace forzar. Así es que todos los machos gastan más fuertemente su vida, y perecen generalmente, más pronto, que las depositarias y las guardianas de la especie, que quizá no tienen menos ardor real, y no hacen más que salvar las apariencias...” (p.135)
Reconociéndose como hombre de su tiempo, con apetitos y deseos, pero al igual con algunas limitaciones muy concretas, su planteamiento filosófico lo llevaba a considerar factores de cotidianidad en materia erótica con el fin de compararse con el resto del reino animal, sin perder por ello su gracia literaria. Decía, por ejemplo, en uno de sus argumentos, que el ser humano “...nace desnudo, y su tacto universal lo hace por todas partes susceptile, ya de dolor o de voluptuosidad, y también de vivos cosquilleos, lo que no tiene lugar de la misma manera entre los animales velludos y revestidos de una gruesa piel, o vestidos acorazados, como los crustáceos. La imaginación fogosa del hombre le presenta mil imágenes, bien sean de delicias o tormentos, que multiplican para él, de antemano la prueba, los suplicios y los goces, mientras que los otros animales no resienten más que la impresión actual del momento, y eso en menor grado. Así es que ven siempre a sus hembras sin aparato extraño en todos tiempos, nada fomenta ni excita su pasión, mientras que esos velos transparentes, esas cinturas encorseladas, esos pechos túrgidos, maliciosamente reprimidos, esos pies pequeños y calzados con arte y elegancia, esas caderas prominentes y ondulantes, que se destacan atrevidamente con unas piernas confortables y torneadas que un vestido ajustado a la inglesa, nos hacen adivinar sus encantos positivos. Todo ese artificio, a no dudarlo, centuplica y retina prodigiosamente los deseos desmesurados del hombre porque “se imagina más, exacto se apercibe menos”.
“Las mujeres saben bien esa regla...” continúa Rhodakanaty, pero no es por pudor, como podrían creerlo los moralistas, sino que más bien en las mujeres se trata de “...un subterfugio del amor, para asegurarse de su presa por medio de su fascinación y su encanto...’(p. 138)
Finalmente y con el peligro de caer en un lugar común, llama la atención el parecido de algunas consideraciones de Rhodakanaty sobre su tiempo con lo que se percibe en el México de hoy. En el último ensayo que se publica en estas Obras, en el que apela a la salvación del pueblo y aboga por la independencia del municipio, el autor lanza párrafos como los siguientes: “...la posición social de México era menos desgraciada que la del presente: teníamos, por ejemplo, entre las clases sociales, y sobre todo, en el pueblo, y aún en la aristocracia, personas de bastante moralidad, y de un criterio práctico y natural, para condolerse de los males ajenos, porque en aquel entonces el egoísmo materialista del siglo no había todavía invadido los corazones de los mexicanos. Antes teníamos bellos monumentos nacionales que han desaparecido por las bastardas ambiciones de algunos especuladores de mala ley... Respecto al comercio vemos que hoy yace postergado bajo la desconfianza pública de los ciudadanos, sin crédito ni fe en sus empresas mercantiles, transportando constantemente sus mercancías y sus caudales al extranjero... La agricultura a su vez, ese riquísimo elemento de producción positiva que parece ser el patrimonio de México... yace también abandonado y sin cultivo...” Y así va tocando a la minería, a la educación, al teatro y hasta al baile, discurriendo sobre la decadencia generalizada que se vivía en julio de 1877, para llegar a la pregunta: ¿Que ha hecho la política? y se contesta: “...cambio de leyes, cambio de contribuciones, planes y proyectos efímeros para aumentar las rentas de la nación y rebajar los gastos, todo sin resultado alguno, todo sin alivio para el pueblo...” (p. 265-267). Para salir de esa situación Rhodakanaty le apuesta prácticamente todo a la “libertad y a la independencia del municipio” con el fin de erigir el cuarto poder federal, conminando al general Díaz recién ungido presidente de la República a que satisfaga lo que él considera “...la única esperanza del proletariado para alcanzar algún día su redención social...”
Llama la atención lo lejos que Rhodakanaty y sus seguidores estaban del proyecto que se impondría finalmente en los destinos nacionales ese último cuarto de siglo XIX. ¿Estaremos los que no creemos en los códigos neoliberales de fines del siglo XX tan lejos de los gobernantes como lo estuvieron los socialistas decimonónicos? La verdad, no me atrevería a responder dicha pregunta. Lo que sí envidiaría de aquellos es su optimismo, que valga la pena decir voy recuperando en la medida en que aparecen cada vez más y con mayor frecuencia trabajos como éste que Carlos Illades preparó recopilando las Obras de un pensador tan extraordinario como lo fue Plotino C. Rhodakanaty.
Ricardo Pérez Montfort
Revista de la Universidad (junio 1999), 205-211. Signos Históricos.
http://148.206.53.230/revistasuam/signoshistoricos/include/getdoc.php?id=164&article=11&mode=pdf

Sugerimos también:
De Atenas a Chalco (Sin pasar por la Tcheka*)
Rafael Miranda
http://www.fundanin.org/miranda4.htm

Otras fuentes
http://es.wikipedia.org/wiki/Plotino_Rhodakanaty

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Agradecemos el apoyo para la realización de este proyecto de:


FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS. UNAM

 


GOBIERNO DEL ESTADO LIBRE Y SOBERANO DE MORELOS





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