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Nació en Santander, España,
el 3 de febrero de 1816; falleció en
México, D.F., el 3 de marzo de 1879.
Ingresó en la Academia el 28 de enero
de 1878 como numerario; silla que ocupó:
I (2º). |
Anselmo
de la Portilla nació en Sobremazas, provincia
de Santander, España, el 3 de febrero de
1816. Murió en la ciudad de México
el 3 de marzo de 1879.
Poeta, periodista, historiador,
editor. Llegó a México en 1840.
En los primeros tiempos se dedicó al comercio.
Luego, dedicó íntegramente sus esfuerzos
a las letras y a tareas con ellas conexas, lo
que era su vocación verdadera. En
1844 publicó sus primeros poemas. Fundó
El Español y El Eco de España, para
fomentar la amistad entre España y México.
Colaboró en el Diccionario universal de
historia y geografía (1853-1856). Fundador,
redactor y colaborador en El Católico,
El Despertador Literario, El Espectador de México,
entre otros periódicos y revistas, en los
que publicó novelas, críticas, biografías,
artículos bibliográficos, leyendas,
síntesis biográficas.
En 1858, tras de una breve estancia
en La Habana, en compañía de José
Zorrilla y del editor español Cipriano
de las Cagigas, dirigió El Diario de la
Marina y quedó en proyecto el que pensaba
fundar con sus amigos ya citados, por la muerte
de uno de ellos, Cagigas; se trasladó a
Nueva York y allí fundó El Occidente.
Regresó a México
en 1862, a raíz de la intervención
extranjera. Durante su estancia en el puerto de
Veracruz, publicó El Eco de Europa, en
cuyas columnas, siempre fiel a su idea de promover
la amistad entre México y España,
abogó por que las tropas españolas
no participaran en la Intervención. "Regresando
yo a México ?dice?, llegué a Veracruz
cuando ya estaban cortadas las comunicaciones
con el interior del país. Obligado a detenerme
ahí por este motivo, me ocurrió
establecer un periódico, con el objetivo
de extirpar los temores que inspiraba la coalición
europea, y de abogar por una solución pacífica;
aunándose a ello la circunstancia de que
viniendo el general Prim al frente de la expedición
española, el pensamiento de los aliados
no podía ser otro que el arreglar en paz
las cuestiones de México". Este empeño
en evitar la intervención de España
en los asuntos de México es otro de los
testimonios que existen de su lucha en promover
la concordia entre las dos naciones. Creía
Anselmo de la Portilla que si Prim disparaba un
cañonazo en Veracruz, si disparaba un fusil,
si derramaba una gota, una sola gota de sangre
mexicana, acababa para siempre el prestigio del
nombre español, no sólo en México
sino en toda la América. Estableció
una de las más famosas publicaciones que
han existido en México, La Iberia (1867-1876),
en cuyo folletín aparecieron, entre otros
títulos, La navidad en las montañas
(1871), de Ignacio Manuel Altamirano y las Instrucciones
que los virreyes de la Nueva España dejaron
a sus sucesores (1873). “El señor
Portilla -escribió Pedro Santacilia- es
uno de los literatos españoles que mejor
manejan y con más elegancia el habla de
su nación, y sus obras pueden competir
por el estilo con las más afamadas que
se publican en la orilla misma del Manzanares.
Como periodista, ninguno hay entre nosotros, que
le saque ventaja”, agrega. Este juicio de
Santacilia aumenta de mérito si se tiene
en cuenta que pertenecían a partidos políticos
contrarios: el primero era liberal y conservador
el segundo. Publicó: Historia de la revolución
de Méjico contra la dictadura de Santa
Anna (1853-1855) (1856); Méjico en 1856
y 1857. Gobierno del general Comonfort (1858);
Virginia Stewart, la cortesana. Historia de amor,
vicio y sangre (Fragmento de unos apuntes de viaje
a los Estados Unidos) (1864 y 1868); Cartilla
de geografía para los niños (1865);
España en México (1871). Y quedaron
inéditas unas Cartas de viaje que dirigió
al conde José Gómez de la Cortina.
Andrés Henestrosa
Semblanzas de Académicos. Ediciones del
Centenario de la Academia Mexicana. México,
1975, 313 pp.
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