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HUMANISTAS MEXICANOS

 

HUMANISTAS MEXICANOS


ANTONIO DE LA PEÑA
Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua
Generación 1870

Nació en México, D.F., el 30 de mayo de 1870; falleció en México, D.F., el 24 de junio de 1928. Categoría: Numerario; silla que ocupó: VII (no la ocupó) (5º).


Antonio de la Peña y Reyes. El 30 de mayo de 1870 nació, en México, y en la misma ciudad murió el 24 de junio de 1928. Estudió Derecho y ejerció la abogacía, aunque sus principales ocupaciones estuvieron en las tareas que desempeñó en la Secretaría de Relaciones Exteriores y en el ejercicio de las letras. Comenzó a escribir muy joven, colaborando en diversos periódicos; Amado Nervo, su amigo de igual edad y compañero de labores, un poco en broma cuenta que, si fallecía un sabio, un artista o un literato, en las primeras horas del día siguiente, Peña y Reyes ya tenía listo un artículo que "es un elogio fúnebre, delicadamente escrito, y un estudio, a la vez, hecho a grandes rasgos pero con prudencia, de los títulos que el eterno ausente tiene a la inmortalidad..." Cuando Nervo escribía eso, tenían, él y Peña, menos de 25 años, pero ya este último, joven impaciente, desde seis años antes había logrado publicar una selección de sus artículos: Algunos poetas. Ensayos de crítica, que apareció en 1889; allí hay acertadas apreciaciones de Roa Bárcena, de Pagaza, de Gutiérrez Nájera y luego de otros, entonces jóvenes, como Urbina, Fernández Granados, Ezequiel Chávez, etc. Su libro siguiente no aparece sino hasta 1903, se titula Artículos y discursos, prologado por Salado Álvarez; también es una selección, dentro de los géneros que el título menciona, pues los más de los discursos de Peña y Reyes se perdieron, y sus artículos deberían ser rescatados de entre las olvidadas columnas de los periódicos y revistas en que aparecieron, en los veinte o veinticinco últimos años del porfirismo.
   El momento en que esa época de la historia de México se hundió, tuvo en la vida de Peña y Reyes la mayor trascendencia. Él había regresado de una breve misión diplomática, cuando el vértigo de los cambios políticos conmovía al país. Al asumir la Presidencia de la República el general Victoriano Huerta, su Ministro León de la Barra designa a Peña y Reyes Oficial Mayor de Relaciones Exteriores que, poco después, queda por 48 horas Encargado del Despacho de aquella Secretaría de Estado. Esas inesperadas altas funciones, al caer aquel régimen político, le costaron a Peña y Reyes cinco años de exilio, que pasó en Cuba. Parece que allá escribió mucho. ¿De qué otro modo iba a vivir? Colaboraciones en periódicos; iniciación de un diccionario biográfico, tarea ambiciosa que fracasó; hasta una Cartilla popular de ortografía, con una selección de trozos de los mejores escritores cubanos.
Regresó a nuestra patria a fines de 1919. Pocos meses después la Academia Mexicana lo nombró Miembro Correspondiente, conforme al procedimiento entonces usual para serlo de Número, como lo fue don Antonio Peña y Reyes, en 1927, ocupando la silla número VII.
En Cuba, el señor de la Peña había comenzado una Antología moral, que trajo inconclusa y aquí publicó, en 1920, con un afectuoso prólogo de don Luis González Obregón; es una hermosa obra didáctica que reúne fragmentos de diversos autores con muchos estudios, breves pero excelentes, de carácter biográfico o histórico, de la pluma de Peña y Reyes. Volvió a dictar sus clases en la Universidad de México y en marzo de 1923 reingresó a la Secretaría de Relaciones Exteriores; allí realizó, con pleno apoyo y estímulo de don Genaro Estrada, en los pocos años que le duró la vida, una tarea intensa y admirable: la primera serie del Archivo Histórico Diplomático Mexicano, compilando, paleografiando y transcribiendo él solo, los documentos de 18 volúmenes de esa colección, y redactando para los mismos sendos estudios, casi todos de muy alto y verdadero valor histórico, además de la limpieza y soltura de estilo, que fue característica permanente de la pluma de don Antonio de la Peña y Reyes.
José Rojas Garcidueñas
Semblanzas de Académicos. Ediciones del Centenario de la Academia Mexicana. México, 1975, 313 pp.

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Agradecemos el apoyo para la realización de este proyecto de:


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