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| Nació
en Veracruz, Ver., el 8 de octubre de 1842;
falleció en Florencia, Italia, el 30
de abril de 1916. Ingresó en la Academia
en julio de 1884 como numerario; silla que
ocupó: VI (2º). |
Francisco
del Paso y Troncoso. Tras haber cursado los
estudios primarios en su ciudad de origen, vivió
luego en la capital del país. Dedicado,
siendo aún muy joven, a actividades comerciales,
encontró a la vez tiempo para inscribirse
y asistir como alumno regular en la Escuela Nacional
Preparatoria. Concluida con éxito esta
etapa de su preparación, en la que por
cierto tuvo entre sus maestros a don Gabino Barreda,
decidió seguir la carrera de medicina.
Al término de ella quiso preparar su tesis
sobre la botánica y la farmacología
de los antiguos mexicanos. Esta forma de inicial
acercamiento a las culturas prehispánicas
despertó en él tan grande interés
que, aun a costa de no recibirse como médico,
prefirió dedicarse por entero a los estudios
e investigaciones de tema arqueológico
y, muy especialmente, a la indagación en
las fuentes documentales tanto de procedencia
indígena como de autores españoles
del siglo XVI.
Pronto llegó a dominar
la lengua náhuatl y a vincularse permanentemente
con quienes laboraban en el Museo Nacional de
Arqueología. De su dedicación dieron
temprano testimonio varios trabajos suyos que,
desde la década de los ochenta, comenzó
a publicar en los Anales del citado Museo. A partir
de 1889 Paso y Troncoso fue nombrado director
de dicha institución. Muy poco tiempo después,
durante buena parte de 1890 y 1891, realizó
una importante exploración arqueológica
en el estado de Veracruz.
El prestigio de que ya entonces
gozaba explica que recibiera luego el nombramiento
de presidente de la Comisión Mexicana en
la Exposición Histórica Americana
que iba a celebrarse en Madrid para conmemorar,
en 1892, el cuarto centenario del descubrimiento
del Nuevo Mundo. Conservando su título
de director del Museo Nacional en Europa, partió
de México con rumbo a España en
agosto de 1892. En tierras europeas había
de permanecer laborando sin descanso en archivos
y bibliotecas, hasta el tiempo de su muerte.
Durante los casi veinticuatro
años que dedicó así a la
investigación fuera de su patria, reunió,
y dispuso para su publicación, un enorme
caudal de documentos y obras inéditas de
máxima importancia para la historia de
México. Su amplia correspondencia muestra
que se mantuvo siempre en contacto con las instituciones
culturales y los especialistas de su país
y con otros del extranjero interesados en el mismo
campo de investigaciones.
Paso y Troncoso que, desde antes,
en 1884, había sido elegido Miembro de
Número de la Academia Mexicana de la Lengua,
se esmeró por conservar sus relaciones
profesionales y de amistad con quienes pertenecían
asimismo a dicha corporación, entre ellos,
muy particularmente, con don Joaquín García
Icazbalceta, don Alfredo Chavero, el padre Aquiles
Gerste y don Luis González Obregón.
Algunos de sus colegas extranjeros, dando prueba
del gran aprecio que llegaron a tener por don
Francisco, promovieron a su vez que ingresara
en otras varias sociedades y academias. En 1893
fue designado miembro correspondiente de la Real
Academia de la Historia y asimismo de la Asociación
de Escritores y Artistas Españoles. En
1895 se le recibió como miembro honorario
de la Pontificia Academia Romana de Arqueología
y como correspondiente de la Societé des
Américanistes de París. En 1898
obtuvo además diploma de miembro honorario
del Anthropological Institute of Great Britain
and Ireland.
Siendo mérito principal
de Paso y Troncoso haber localizado y reunido
un gran conjunto de documentos básicos
para nuestra historia a lo largo de dos décadas
que vivió en Europa, deben recordarse también
las varias ediciones de las que personalmente
se encargó, así como las obras y
artículos, fruto de sus investigaciones,
que llegó a publicar.
Aun cuando la multitud de trabajos
que se echó a cuestas, le impidieron dar
remate a todos sus proyectos, la bibliografía
de este insigne investigador mexicano es considerablemente
rica. De ella citamos a continuación lo
más sobresaliente:
En los Anales del Museo Nacional
de Arqueología publicó: "Ensayos
sobre los símbolos cronológicos
de los mexicanos", 1892; "Estudio sobre
la historia de la medicina en México",
1896; "Lingüística de la República
Mexicana", 1886; "Códice indiano
del Sr. Sánchez Solís", 1888;
"Los trabajos lingüísticos de
don Miguel Trinidad Palma", 1897; "Notas
arqueológicas y cronológicas al
estudio de interpretación del Códice
Borgiano hecho por José Lino Fábrega",
1899-1900; "Lista de los pueblos principales
que pertenecieron a Texcoco", 1897; "
Utilidad de la lengua mexicana en algunos estudios
literarios", 1897; "División
territorial de la Nueva España en el año
de 1636", 1912; "Escritura pictórica,
el códice Kingsborough", 1912. La
serie de ediciones de obras fundamentales para
la historia de México, aparecidas algunas
después de su muerte, incluye los siguientes
títulos: Historia y conquista espiritual
de Yucatán, de fray Bernardo de Lizana,
México, 1892; Biblioteca nahua, 6 v., Florencia,
1899-1909; Historia de las cosas de la Nueva España
de fray Bernardino de Sahagún (Primeros
memoriales, Códice matritense del Real
Palacio y Códice de la Real Academia de
la Historia, textos de los informantes de Sahagún),
3 v., Madrid, 1906-1907; Papeles de Nueva España,
7 v., Madrid-México, 1905; Códice
Mendocino, México, 1925; Crónica
de Nueva España, del doctor don Francisco
Cervantes de Salazar, 3 v., Madrid-México,
1914-1936; Epistolario de la Nueva España,
16 v., México, 1939-1942. Mencionaremos
finalmente otras aportaciones suyas: Los libros
de Anáhuac, México, 1895; Comentario
al Códice Borbónico, Florencia,
1905.
Miguel León-Portilla
Semblanzas de Académicos. Ediciones del
Centenario de la Academia Mexicana. México,
1975, 313 pp.
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