|
| Nació
en Valle de Bravo, Méx., el 6 de enero
de 1839; falleció en Xalapa, Ver.,
el 11 de septiembre de 1918. Ingresó
en la Academia el 4 de septiembre de 1883
como numerario; silla que ocupó: II
(2º). |
Joaquín
Arcadio Pagaza. El Ilmo. Señor don Joaquín
Arcadio Pagaza nació en Valle de Bravo,
estado de Méx., el 6 de enero de 1839.
Ingresó al Seminario Conciliar de México
en 1854. Recibió la ordenación sacerdotal
el 19 de mayo de 1862. Al año siguiente
administró la parroquia de Taxco durante
ocho meses. Por breve lapso fue catedrático
de latín en el Seminario Conciliar, y después,
también por breve tiempo, párroco
del Sagrario Metropolitano. De allí pasó
a Tenango del Valle, estado de Méx., en
donde duró como párroco ocho años.
En 1882 vuelve a estar al frente de la parroquia
del Sagrario. Sucesivamente es nombrado canónigo
de la Catedral, y en 1891 rector del Seminario
Conciliar. En 1895 fue consagrado obispo de la
diócesis de Veracruz.
Perteneció a la Arcadia
de la ciudad de Roma, con el nombre de "Clearco
Meonio". Murió el 11 de septiembre
de 1918. Don Joaquín Arcadio Pagaza, como
poeta original es el cantor de la naturaleza.
Lo mejor de su poesía la encuentra en el
paisaje, que pasa a través de su alma humedeciéndose
a través de un suave lirismo melancólico.
"Clearco Meonio" es un poeta bucólico,
en el mejor sentido. Su bucolismo no es mero artificio
académico, sino convivencia con la naturaleza
y reciprocidad de entregamiento. Esto es lo que
lo levanta sobre otros bucólicos contemporáneos
suyos, que sólo conocieron el campo en
las ajenas páginas pastoriles.
Muy justamente afirma Menéndez
y Pelayo que Pagaza "es, sin contradicción,
uno de los más acrisolados versificadores
clásicos que hoy honran las letras españolas".
Es uno de los últimos que, en México
-el Modernismo llegaba rompiendo clarines y tambores-
hace sonar los versos de timbres épicos
y la antigua estrofa dorada. Habiendo vivido Pagaza
en un ambiente literario en que el sentido estético
debió trabar ruda batalla a fin de liberarse
de los grilletes "clasicistas", admira
cómo su poderoso instinto poético
se abre paso, fulgurando a través de formalismos
y formulismos. Usando de sobriedad y dicción
de savia nueva, nos da versos limpios y sonantes
a oro de juventud.
Uno de sus matices más
personales es la dignidad de forma de su poesía.
Es un culterano en sentido elogioso; el latinismo,
como enjambre desertor de la églogas o
del antro tiburtino, se riega en áureas
salpicaduras por todo su vocabulario, imprimiéndole
algo de la enérgica preñez de la
lengua madre. Lo más logrado de su poesía
se encuentra en los sonetos. Los de mayor precio
son aquellos en que siente el paisaje. Una suave
tristeza humedece sus paisajes y su poesía.
Insigne humanista, conocedor de los poetas latinos,
traduce especialmente a Horacio y Virgilio. De
éste, algunas églogas y varios libros
de la Eneida, a veces literalmente otras parafraseando.
Es el único poeta mexicano que ha traducido
al español las odas íntegras de
Horacio. Traduce también el libro de “Los
lagos” de la Rusticatio mexicana de Landívar.
Sus publicaciones son: Murmurios de la selva,
María: fragmentos de un poema descriptivo
de la tierra caliente, Algunas trovas íntimas;
versiones del latín: Horacio, Virgilio
y Obras completas de Virgilio, de las que sólo
se publicó el primer volumen.
Octaviano Valdés
Semblanzas de Académicos. Ediciones del
Centenario de la Academia Mexicana. México,
1975, 313 pp.
----------------------------------------------------------------------------
|