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HUMANISTAS MEXICANOS

 

HUMANISTAS MEXICANOS


RAFAEL F. MUÑOZ
Miembro de la Academia Mexicana

Generación 1900
Nació en Chihuahua, Chih., el 1 de mayo de 1899; falleció en México, D.F., el 2 de julio de 1972. Categoría: Numerario; silla que ocupó: XII (no la ocupó) (6º).


R
afael F. Muñoz nació en la ciudad de Chihuahua (capital del estado del mismo nombre) el 1º de mayo de 1899 y murió en la ciudad de México el 2 de julio de 1972. Su padre era dueño de un rancho, "El Pabellón", vecino a la frontera con Estados Unidos, en donde pasó algunos años de su juventud. Estudió en su ciudad natal y pasó después a México, y a poco regresó al rancho de su padre. A los dieciséis años se inicia como reportero de un diario de Chihuahua. Por entonces tiene contacto con la vida revolucionaria y conoce al famoso caudillo Francisco Villa; esa vida y la figura del caudillo le dejan un profundo recuerdo, como lo comprueban los temas y los personajes de sus libros. Durante el predominio de Venustiano Carranza en la política nacional, lo obliga a desterrarse de México su simpatía por Álvaro Obregón. Trabaja entonces en el sur de Estados Unidos, principalmente en California. Al caer Carranza, en 1920, regresa a México. Escribe y trabaja en los diarios de mayor circulación: El Heraldo, El Gráfico y El Universal. Colabora en diversas revistas. Durante el gobierno del Presidente Portes Gil, ocupa la dirección del diario El Nacional. Empezó su carrera literaria bastante joven, por el 1913, con su cuento El hombre malo. El género lo atrae y en el ha utilizado sus propias experiencias de la vida revolucionaria. En 1928 publica El feroz cabecilla, cuentos de la Revolución en el Norte, y dos años después, El hombre malo y otros relatos (1930). En Si me han de matar mañana (1934) hace una nueva selección de sus narraciones cortas, en las que ya había alcanzado gran popularidad. Del cuento pasa a la novela por intermedio de ¡Vámonos con Pancho Villa! (Madrid, 1931, varias ediciones), que es una narración compuesta por cuadros sucesivos que presentan las vidas paralelas de seis partidarios de Pancho Villa que han jurado no abandonarlo nunca. Palpita en todas esas narraciones un mismo aliento; en un estilo objetivo, sin temblores y sin angustias, narra las hazañas y atrocidades, las desventuras y sufrimientos de aquellos seis rebeldes que se ofrecen en voluntario y entusiasta sacrificio por defender a Pancho Villa. Todos los sucesos referidos -como lo declara el autor- son verídicos, aunque atribuidos a un grupo de seis hombres. Años después publicó en Buenos Aires su segunda novela Se llevaron el cañón para Bachimba (1941, varias ediciones posteriores), que es en gran parte una novela autobiográfica; no en forma tan manifiesta como las novelas de José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán y José Rubén Romero. Pero de todas maneras se siente que el protagonista y juvenil narrador, ha recogido de los recuerdos del propio autor muchas sensaciones, recuerdos y aventuras. La narración se desarrolla en una serie de cuadros breves, en que la realidad se mezcla al ambiente de emociones y sueños que crea el propio narrador, levantando esa levísima niebla de poesía a través de la cual el mundo es más amable y más brillantes sus luces y colores. La limpia y entusiasta visión juvenil de Álvaro Abasolo -el narrador- da por momentos a la narración una ligereza lírica, que se goza con la naturaleza, el cielo y el campo, el amanecer y la noche. Álvaro Abasolo es un aprendiz a revolucionario, como de seguro se soñó el propio Muñoz y muchos muchachos que no tenían, en la época de Francisco Villa y Pascual Orozco, la edad suficiente para incorporarse a las fuerzas rebeldes, a la gesta revolucionaria, nimbada ya desde los tiempos de Madero de un prestigio romántico. Esas dos excelentes narraciones han conservado su interés dramático y lírico entre los numerosos lectores de las novelas de la Revolución Mexicana. Es autor también de una penetrante biografía de Antonio López de Santa Anna (1936, publicada en varias ediciones con diversos títulos) en que ha sabido captar a ese complejo y tortuoso personaje así como a toda la época pintoresca y contradictoria en que vivió. Ha escrito también algunos argumentos cinematográficos que han sido llevados con éxito a la pantalla. Ocupó en varias ocasiones el puesto de jefe del Departamento de Prensa de la Secretaría de Educación Pública. El día 9 de octubre de 1970 fue electo miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, para ocupar el sillón XIII, que habían honrado antes dos distinguidos novelistas: Rafael Delgado, figura de máximo relieve en la literatura narrativa de fines del siglo XIX y principios del XX, y José Rubén Romero, uno de los más populares novelistas de la época de la Revolución Mexicana. Preparaba su discurso de recepción cuando repentinamente murió el 2 de julio de 1972.
Antonio Castro Leal
Semblanzas de Académicos. Ediciones del Centenario de la Academia Mexicana. México, 1975, pp. 182-184

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Agradecemos el apoyo para la realización de este proyecto de:


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