| Nació
en Guanajuato, Gto., el 26 de junio de 1840;
falleció en Nueva York, E.U.A., el
18 de agosto de 1921. Categoría: Correspondiente
mexicano. |
Ignacio
Montes de Oca y Obregón nació en
Guanajuato el 26 de junio de 1840. Estudió
humanidades y otras materias técnicas en
Santa María de Oscott, Inglaterra. Cursó
los estudios eclesiásticos en el Colegio
Pío Latino y en la Academia de Nobles de
la ciudad de Roma.
Recibió las órdenes
sagradas el 28 de febrero de 1863. Consagrado
obispo por el mismo Pío IX, fue designado
primer obispo de la diócesis de Tamaulipas.
Ocupó después la diócesis
de Linares y, finalmente, la de San Luis Potosí.
Ya de regreso a México fue capellán
de honor de Maximiliano.
Personaje de alto prestigio
nacional e internacional por su muy vasta cultura
y excepcionales dotes personales, gozó
del respeto y estimación aun de quienes
profesaron ideas políticas opuestas a las
suyas.
Perteneció a la Arcadia
Romana con el nombre de "Ipandro Acaico".
Tuvo el honor de haber sido invitado por la Real
Academia Española para hacer el elogio
fúnebre de Miguel de Cervantes, en las
exequias que se celebraron en la iglesia de San
Jerónimo de Madrid, con motivo de la celebración
del tercer centenario del Quijote.
Cuando volvía a México
del exilio, le sorprendió la muerte en
la ciudad de Nueva York, el 18 de agosto de 1921.
Fue un consumado humanista e
ilustre orador. Dejó una copiosa recopilación
de "Obras pastorales y oratorias". Por
sus versiones de los poetas griegos Píndaro,
Teócrito, Mosco, Apolonio de Rodas, es
el más insigne de nuestros helenistas,
en cantidad y calidad, y uno de los más
eximios de toda el habla castellana. "Sus
traducciones, hechas directamente del griego -comenta
don Miguel Antonio Caro- conservan aquel perfume
original que se pierde en versiones de segunda
mano; y sus comentarios revelan la competencia
del traductor como humanista griego".
Su producción poética
original es abundante. Sin embargo, el traductor
y el humanista aventajan al poeta. Su estilo,
fruto lógico de su educación rica
y profunda, guarda siempre el decoro, desechando
el desaliño y aun el uso trillado de expresiones
convencionales, defecto éste frecuente
en la escuela academista a la cual pertenecía.
Mas la mayor parte de su obra poética es
seca y débil de inspiración. A través
de su verso resuena el acento del orador y del
cultivado humanista que piensa y siente pero sin
conseguir el hallazgo original, ni la profunda
emoción poética. Su actitud artística
parece gobernada por una especie de esteticismo
platónico elegantemente frío y exterior.
Su forma poética predilecta es el soneto,
que maneja con soltura y maestría. Tiene
algunos no obstante lo dicho de indiscutible belleza,
dignos de figurar entre los mejores, como si en
ellos se hubiera resumido lo más selecto
de su sensibilidad, dispersa por lo anchuroso
de su cultura humanista. Los títulos de
su labor humanista y poética comprenden:
Bucólicos griegos, Obras de Píndaro
y Ocios poéticos. Los dos primeros, versiones.
El tercero contiene parte de su producción
original: odas, himnos, canciones, elegías,
sonetos y algunas versiones del griego. Más
versiones: El rapto de Elena, poema de Coluto
de Nicópolis; La Argonáutica, poema
épico de Apolonio de Rodas. Más
poesía original, sonetos: A orillas de
los ríos. Cien sonetos; Otros cien sonetos
de Ipandro Acaico; Nuevo centenar de sonetos y
Sonetos jubilares.
Octaviano Valdés
Semblanzas de Académicos. Ediciones del
Centenario de la Academia Mexicana. México,
1975, pp. 177-178
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