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Nació
en la capital del Virreynato de la Nueva España
el 19 de marzo de 1771, el 12 de marzo de
1829 dejó de existir, víctima
de una pleuresía. |
Josefa
Ortiz de Domínguez
La Corregidora de Querétaro doña
Josefa Ortiz de Domínguez es la más
conocida, la más recordada de las heroínas
de México.
Nació en la capital del Virreynato de la
Nueva España el 19 de marzo de 1771, hija
del capitán del regimiento de "los
morados" don Juan José Ortiz y de
su esposa la señora Manuela Girón.
Al quedar huérfana fue a hacerles compañía
a las señoritas González, que habitaban
la casa número 25 de las calles de Santa
Clara y quedó bajo la patria potestad de
su hermana mayor María Sotero quien, el
16 de mayo de 1789 solicitó del Real Colegio
de San Ignacio de Loyola, mejor conocido por el
"Colegio de las Vizcaínas", un
lugar para Josefa, el cual le fue concedido a
partir del día 30 del mes y año
citados.
En ese entonces era visitante asiduo de "Las
Vizcaínas" el licenciado don Miguel
Domínguez y, a primera vista se prendó
de la juventud y modestia de la nueva educanda
y decidió en su viudez, hacerla su esposa.
Cuando el idilio se había formalizado,
María Sotero intervino y sacó del
colegio a su hermana el 31 de marzo de 1791. El
letrado insistió en sus pretensiones y
dos años más tarde se solemnizaba
el enlace del abogado y la huérfana, el
24 de enero de 1793. Ella, de 22 años escasos
y él de 37 cumplidos.
El licenciado Domínguez era influyente,
desempeñaba a la sazón la Secretaría
de la Real Audiencia y corría la fama de
las consideraciones que le habían dispensado
los Virreyes Branciforte y Azanza y las que le
dispensaba don Félix Berenguer de Marquina,
mandatario al que le pidió el nombramiento
de Corregidor de la ciudad de Querétaro,
importantísimo puesto que le fue conferido
en las postrimerías de 1801 o en los primeros
días de enero de 1802.
En la ciudad de Querétaro se significaron
don Miguel y doña Josefa como una pareja
en la que se hermanaban la experiencia y el entusiasmo
y pronto despertaron simpatías entre los
dirigentes de la sociedad queretana. En pláticas
y en tertulias "los Corregidores" manifestaban
sus simpatías por la Justicia; su disgusto
ante los abusos y sus francos razonamientos en
pro de los indios despojados y de las clases menesterosas
faltas de conocimientos y de influencia. La consolidación
de los capitales de obras pías obligó
al Corregidor a formular enérgicas representaciones
ante el Tribunal de Minería y las quejas
llegaron hasta el Virrey don José de Iturrigaray
que le suspendió en el puesto, lo concentró
en México y lo retuvo a su lado en los
angustiosos meses de agosto y septiembre de 1808.
Entonces oyó el licenciado Domínguez
la conveniencia de organizar el Virreynato de
acuerdo con las doctrinas democráticas,
representativas e igualitarias.
Al volver a Querétaro y cambiar impresiones
con su esposa, propiciaron las reuniones de la
casa número 14 de la calle del Descanso;
de la casa número 4 de la calle de la Cerbatana
y aun las que se improvisaban en el propio comedor
y en la sala de su casa habitación.
El capitán del Regimiento de Dragones de
la Reina don Ignacio Allende cortejaba a una de
las hijas de los Corregidores y de los cambios
de impresiones que tuvieron con él se formó
lo que en la Historia Nacional se llama "La
Conjuración de Querétaro" en
la cual participaban abogados, militares, burócratas,
comerciantes, etc., y en la que se significaba
por su fe, su entusiasmo y lo incontenible de
sus ansias libertarias, doña Josefa Ortiz
de Domínguez.
"La Conjuración de Querétaro",
al llegar el mes de septiembre de 1810, fue objeto
de cinco diversas denuncias y una de ellas, la
de Francisco Bueras al Juez Eclesiástico
Rafael Gil de León, hizo que el comandante
militar García Rebollo ordenara al Corregidor
Domínguez el cateo de domicilios y la aprehensión
de don Epigmenio y don Emeterio González
a quienes hallaron, en su comercio de abarrotes,
lanzas, pólvora y balas.
Era el 14 de septiembre cuando doña Josefa,
encerrada con llave por su esposo el Corregidor,
llamó desde su recámara en forma
convenida al alcaide Ignacio Pérez; éste
advirtió la urgencia del llamado puesto
que la Corregidora golpeó con el tacón
de su calzado, repetidamente, en el piso que para
el caso del alcaide era el techo de su cuarto
dormitorio y al acudir al portón de la
casa, por el agujero de la llave le ordenó
doña Josefa que sin pérdida de momento
ensillara un caballo y se encaminara a San Miguel
El Grande a enterar al capitán Allende
lo que pasaba en Querétaro. Pérez
obedeció y el aviso de la Corregidora determinó
la proclamación de la Independencia en
la Congregación de Nuestra Señora
de los Dolores, la madrugada del domingo 16 de
septiembre de 1810.
Precisamente en esta fecha, en Querétaro,
la nueva denuncia hecha por el capitán
Joaquín Arias al Alcalde Ochoa, obligó
a este funcionario a librar la orden de detención
del Corregidor Domínguez y su esposa, recluyéndoseles
respectivamente en los conventos de la Cruz y
de Santa Clara, en donde estuvieron cuatro o cinco
días, mientras duró la agitación
de los primeros momentos.
Desde fines de septiembre de 1810 hasta el 14
de diciembre de 1813 don Miguel y doña
Josefa continuaron sirviendo la corregiduría
de Querétaro. En la fecha últimamente
citada llegó a la ciudad de Querétaro
el arcedeano y célebre bibliófilo
don José Mariano de Beristáin y
Souza y con violencia denunció a los esposos
Domínguez como peligrosos conspiradores
y a ella (La Corregidora), "una verdadera
Ana Bolena, que ha tenido valor para seducirme
a mí mismo, aunque ingeniosa y cautelosamente".
Con fecha 23 de diciembre reiteraba Beristáin
a Calleja: "Repito a V. E. que la Corregidora
es una Ana Bolena y añado hoy que Gil (el
Juez Eclesiástico Dr. Rafael Gil de León)
es su Wolseo".
El Virrey Calleja envió a Querétaro
al licenciado Lopetegui para que enjuiciara y
destituyera al Corregidor Domínguez y ordenó
al coronel Cristóbal Ordóñez
que al pasar con el convoy de San Luis Potosí
a México, aprehendiera en Querétaro
a la Corregidora y la llevara al convento de Santa
Teresa de la capital, lo cual fue ejecutado al
inicio de 1814. Fue entonces cuando doña
Josefa exclamó: "Tantos soldados para
custodiar a una pobre mujer; pero yo con mi sangre
les formaré un patrimonio a mis hijos".
El 20 de mayo de 1814, el auditor de guerra Melchor
de Foncerrada expresa que doña Josefa "padecía
enajenación mental" y proponía
una reclusión si el Virrey no permitía
que saliera del convento dado el estado grávido
de la procesada.
Dos años después el oidor Bataller
pide cuatro años de prisión para
"La Corregidora", los que principian
a contarse a partir de noviembre de 1816 en que
es trasladada al convento de Santa Catalina de
Sena. Al fin, el Virrey don Juan Ruiz de Apodaca
considera una instancia del ex-Corregidor Domínguez
en la que expresa cómo pobre, enfermo y
con catorce hijos, pide la libertad de su mujer,
también enferma y el Virrey la deja en
libertad a partir del 17 de junio de 1817.
Cuando se consumó la Independencia, los
esposos Domínguez vieron con indiferencia
a Iturbide y al Primer Imperio Mexicano. Doña
Ana Huarte de Iturbide invitó a doña
Josefa a la Corte y la dolorida dama exclamó:
"Dígale usted que la que es Soberana
en su casa, no puede ser dama de una Emperatriz".
En la casa habitación de los ex-Corregidores,
sita en la calle del Indio Triste número
2, se reunían los generales Victoria, Guerrero,
Bravo, López Rayón, Michelena, etc.,
y de esta "nueva conjuración"
salió, en marzo de 1823, el Supremo Poder
Ejecutivo, el cimiento de la República
Federal iniciada el 4 de octubre de 1824.
A los 61 años de vida, el 2 de marzo de
1829 dejó de existir, víctima de
una pleuresía, la animosa mujer que en
su entusiasmo advirtió una Patria Mexicana
feliz, independiente y libre.
Doña Josefa Ortiz de Domínguez fue
la madre de cuatro hombres y ocho mujeres en el
orden siguiente: José, licenciado Mariano,
Miguel, Ignacia, Micaela Juana (madre de los Iglesias
Domínguez), Dolores, Manuela, Magdalena,
Camila, Mariana y José "el chico".
Dos monumentos ha levantado la gratitud nacional
a la memoria de doña Josefa Ortiz de Domínguez;
el de Querétaro que se alza en el Jardín
de la Corregidora y el de la plaza de Santo Domingo
en México, frente a la mole de la Inquisición:
estatua sedente en donde la Heroína –
encarnación de la Libertad – mira
serenamente al despótico Tribunal de la
Fe.
Texto de RICARDO COVARRUBIAS tomado de su libro
MUJERES DE MEXICO
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