Nació
en México, D.F., el 19 de diciembre
1883; falleció en México, D.F.,
el 6 de marzo de 1946.
Ingresó en la Academia el 4 de enero
de 1921 como numerario; silla que ocupó:
III (3º). |
Nació
en la ciudad de México el 19 de diciembre
de 1883 y murió en la misma el 6 de marzo
de 1946. Estudió en la Escuela Nacional
Preparatoria y en la Nacional de Jurisprudencia.
Se recibió de abogado en 1908. Primeros
puestos públicos: Abogado consultor de
Correos, jefe de sección en la Secretaría
de Gobernación y secretario del Ayuntamiento
de México. En 1907 profesor de conferencias
sobre geografía e historia en la Escuela
Nacional de Artes y Oficios. Antes de recibirse
de abogado, figuraba ya en la juventud intelectual
que preparaba la renovación literaria e
ideológica que vendría después,
y que, fundada la revista Savia Moderna (1906),
fundaría El Ateneo de la Juventud (1909).
Formaban el grupo José Vasconcelos, Pedro
Henríquez Ureña, Ricardo Gómez
Robelo, Alfonso Cravioto, Luis Castillo Ledón,
Jesús T. Acevedo, Alfonso Reyes, Julio
Torri y otros. Con los tres primeros compartía
Caso su reacción contra el positivismo
y su adhesión a las nuevas corrientes antiintelectualistas.
Al crearse en 1910 la nueva Escuela de Altos Estudios
(después Facultad de Filosofía y
Letras), fue su primer profesor de filosofía,
y dio entonces sus inolvidables cursos sobre el
intuicionismo de Bergson. En 1909 es profesor
de Sociología en la Escuela Nacional de
Jurisprudencia y, al morir el doctor Porfirio
Parra (1912), ocupa la cátedra de Lógica
en la Escuela Nacional Preparatoria.
En 1914 publica su famosa conferencia
sobre La filosofía de la intuición.
En 1915 aparecen sus Problemas filosóficos,
cuyo más importante ensayo ("La perennidad
del pensamiento metafísico y religioso")
es una tesis de su doctrina. Vienen después
Filósofos y doctrinas morales (1915) y
La existencia como economía, desinterés
y caridad (1919).
Va como embajador especial al
Perú en 1921, sustenta conferencias en
Chile, Argentina, Uruguay y Brasil, y regresa
para el centenario de la batalla de Ayacucho (1924).
Fue director de la Facultad de Filosofía
y Letras en varias ocasiones y Rector de la Universidad
Nacional de México (1920-1922 y 1923).
En diversas cátedras de la Universidad
y en El Colegio Nacional (uno de cuyos fundadores
fue en 1924) profesó la enseñanza
de la filosofía. Su talento oratorio, su
vibrante temperamento y una especie de adivinación
de actor, le permitían exponer, con impresionante
vigor y fidelidad, las doctrinas del filósofo
que en ese momento explicaba. Nunca un profesor
en México se había consagrado totalmente
al estudio de la filosofía, ni, dentro
de sus actividades, la cátedra había
sido su expresión más personal y
brillante. Escribe algunos textos para sus clases:
Principios de estética (1925), Historia
y antología del pensamiento filosófico
(1926) y Sociología (1927). Se preocupa
por algunos problemas nacionales en Discursos
a la nación mexicana (1922), El problema
de México y la ideología nacional
(1924) y Nuevos discursos a la nación mexicana
(1934). Con elocuencia, sólida doctrina,
ironía y hábil estrategia sostuvo
en los diarios de la capital polémicas
con Francisco Bulnes sobre el porvenir de la América
Latina, con Francisco Zamora y Vicente Lombardo
Toledano sobre el marxismo, con Eduardo Pallares
sobre el carácter espacial e inespacial
de lo síquico, con Alfonso Junco sobre
la existencia de Dios y con Guillermo Héctor
Rodríguez sobre neokantismo. Pocas veces
sus contrincantes estuvieron a la altura de su
ilustre opositor. Sin embargo, triunfó
Lombardo Toledano en algunos puntos, y Samuel
Ramos en las reservas que, sobre sus fuentes y
técnica, le hizo a su magisterio. Siguió
publicando sobre algunos nuevos problemas filosóficos:
La filosofía de Husserl (1934), Meyerson
y la física moderna (1939), Positivismo
, neopositivismo y fenomenología (1941).
Sobre la política universal publicó
La filosofía de la cultura y el materialismo
histórico (1936) y La persona humana y
el estado totalitario (1941). Es una de las figuras
de más relieve, inspiración e influencia
en la vida universitaria de su tiempo. Con Vasconcelos,
el más grande pensador mexicano de este
siglo. Caso orador más brillante, de cultura
más organizada, más tradicional
en las zonas de exposición de los problemas
filosóficos; Vasconcelos más arbitrario
y también más genial. Obras completas:
edición de la Universidad Nacional Autónoma
de México. Socio fundador de la Academia
Mexicana de Jurisprudencia y Legislación
y miembro de la Sociedad de Geografía y
Estadística. Miembro correspondiente de
la Academia Mexicana de la Lengua en septiembre
de 1915, y de Número en enero de 1921.
Pronunció su discurso de recepción
sobre la Oda a la música de fray Luis de
León.
Antonio Castro Leal
Semblanzas de Académicos. Ediciones del
Centenario de la Academia Mexicana. México,
1975, 313 pp.
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