| Nació
en Las Hermitas, Orense, España, el
19 de septiembre de 1895; falleció
en México, D.F., el 21 de julio de
1971. Ingresó en la Academia el 24
de octubre de 1969 como numerario; silla que
ocupó: XXV (2º). |
Nació
en Las Hermitas, Orense, España, el 19
de septiembre de 1895; en Madrid cursó
la Licenciatura en Filosofía y Letras,
y allí tuvo el honor de ser discípulo
directo de don Ramón Menéndez Pidal,
que lo distinguió con su guía y
aprecio; más tarde, ya radicado en México,
en nuestra Universidad Nacional obtuvo brillantemente
el Doctorado en Letras.
El doctor Bolaño fue,
esencialmente, un profesor, un maestro; sus mismos
escritos derivan del magisterio que ejerció
toda su vida, en España y en México,en
muy diversas cátedras: latín, fonética,
filología románica; literatura española
en varias especialidades: medieval, de los siglos
de oro, cursos especiales y seminarios sobre Cervantes,
la novela picaresca, la Generación del
98, y muchos más que sería prolijo
enumerar.
En consecuencia, la bibliografía
de don Amancio Bolaño, es de obras pedagógicas,
de estudios y crítica de literatura, de
cuestiones filológicas diversas: Breve
manual de fonética elemental y Manual de
historia de la lengua española; también,
y son muy loables trabajos, el cuidado de ediciones
modernas, revisadas y corregidas, para divulgación,
con notas y prólogos que son estudios adecuados
y didácticos, de obras de nuestro tesoro
literario, como El conde Lucanor (versión
antigua y moderna), el Libro de Buen Amor, el
Poema de Mío Cid, también en ambas
versiones, antigua y moderna, el Guzmán
de Alfarache. Diversos ensayos sobre puntos y
aspectos cervantinos, especialmente del Quijote,
que fue uno de sus mayores intereses literarios,
cultivado con grandísimo cuidado, conocimiento
y fervor, con algunos otros temas de literatura
y de lingüística, quedaron afortunadamente
reunidos en el volumen Estudios literarios, en
1960. Otra obra importante fue la que él,
con sobra de modestia, quiso titular solamente:
Contribución al estudio biobibliográfico
de fray Alonso de la Vera Cruz, la cual es, en
realidad, una erudita monografía, básica
para el conocimiento del insigne teólogo
agustino al que se refiere.
El discurso de ingreso a esta
Academia, leído en sesión pública
la noche del 24 de octubre de 1969, fue un sabio
y atinado Estudio comparativo entre el Estebanillo
González y el Periquillo Sarniento. Es
que la Academia Mexicana invitó a Don Amancio
a incorporarse en sus tareas, ofreciéndole
la silla que había quedado vacante por
el fallecimiento de Don José María
González de Mendoza, también español
de origen; pues es casi una tradición tener,
en esta Academia, al menos un representante de
quienes, habiendo dejado su país natal,
han venido a arraigar en el nuestro, realizando
aquí su obra de filología o de creación
literaria; por otra parte, la Academia Mexicana
sabía cuán útil y valioso
le sería contar con la ayuda constante
de Don Amancio, para los trabajos de resolver
las consultas que se reciben, revisar los neologismos,
acreditar los mexicanismos que deben considerarse
incorporados al lenguaje, en fin, para todo lo
que atañe al uso, cultivo y depuración
de nuestra lengua. Desde luego, la Academia no
se equivocó: un trabajo admirable, esforzado
y eficaz desempeñó, desgraciadamente
muy corto, que nos acompañó, pues
falleció, aquí en la ciudad de México,
el 21 de julio de 1971.
Fuente:
José Rojas Garcidueñas
Semblanzas de Académicos. Ediciones
del Centenario de la Academia Mexicana. México,
1975, 313 pp.
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